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En carne propia

Es importante para mí mencionar que el escrito de hoy, además de unir dos temas en los que puedo hablar desde mi...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 4 min read >

Es importante para mí mencionar que el escrito de hoy, además de unir dos temas en los que puedo hablar desde mi experiencia, tocan muy profundamente mis fibras y tiene que ver con un tema que fue expuesto por mi, de la manera más sincera posible, en un escrito titulado ‘Al desnudo’, porque ese día al igual que hoy lo hice desde el corazón o en palabras de mi querido Gabo, desde mis entrañas.

Últimamente casi no he tenido tiempo de revisar mucho las noticias o más bien, para ser sincera, desde que leí acerca de la devaluación de nuestra moneda, no me quedaron muchas más ganas. Las noticias que han mostrado en los últimos días no han sido para nada alentadoras y mucho menos, las que tienen que ver con el suicidio de varias personas, entre las que resalto los dos jóvenes que decidieron acabar su vida en la ciudad de Barranquilla.

En una de estas noches, casi madrugada me encontré con lo que parece ser una carta de despedida, del joven que decidió acabar con su vida en un centro comercial de Barranquilla. Cuando la leí, no pude evitar llorar o incluso recordar que yo en una de mis crisis, también escribí una carta para despedirme del primer ser incondicional que ha estado conmigo toda la vida, es decir mi madre.

No tengo mucho conocimiento sobre los hechos del caso, sólo lo poco o mucho que encontré en las noticias publicadas en Instagram y Facebook, pero si debo decir que al leer esa carta yo me impacté muchísimo, pues el joven mencionaba que en septiembre del año pasado, él había decidido vivir hasta este septiembre, otra de las cosas que más pesar y horror me provoca es que mucho más allá de entrar a juzgar, me atrevería a decir que buscó apoyo en la persona equivocada.

Pienso que tal vez en mi subconsciente se instaló cierta preocupación, puesto que nunca me había puesto realmente a analizar que una persona podría cargar con una decisión de estas durante todo un año. En mi caso, tuve pensamientos que iban y regresaban, e incluso llegué a materializar un poco lo que en ese momento deseaba, pero la diferencia siempre la recordaré y la traeré a colación las veces que sea necesario, yo me encontraba en terapia, lo que me ayudó a tener las herramientas necesarias para enfrentar la situación y también tenía un sistema de apoyo enorme, en el que no sólo caben personas.

No conozco las condiciones de José, no lo conocí y tampoco conocí su vida, pero al igual que él, yo también me encontré en un momento de enajenación, llegué a olvidar las razones que me llevan a levantarme cada día y poner de mi parte para cumplir con un proyecto de vida que yo misma diseñé. A veces desearía que la depresión y la ansiedad fueran problemas más visibles, cómo usar lentes o llevar un bastón, porque quizás de esa manera tuvieran la atención que merecen.

No juzgo a los amigos de José, tampoco a su familia, es algo que no podría hacer jamás, pero si puedo hablar desde mi experiencia y contarles a todos, que el diálogo, que sentirte escuchado, que sentirte importante, te salvan y te rescatan de uno de los peores enemigos que la humanidad va a poder conocer y ese, es nuestra propia mente.

Soy consciente y por lo general bastante compresiva en cuánto a las ocupaciones que tiene cada persona, pero también sé que dentro de esas ocupaciones pueden preocuparse por ese amigo que ven triste, que no habla tanto y no era así, por el primo, el tío, la prima, la abuela, la vecina que vean bajos de nota, que sientan que han cambiado algo, porque sé en carne propia que por lo menos un buenos días, de un amigo o algún conocido es un motivo, una razón para tu animarte y recordar que estar aquí vale la pena, que enfrentar la lucha sí traerá recompensa.

Me atrevo a decir que dentro de los premios que Dios y la vida me han regalado, no sólo se incluyó a personas, sino que por cosas de Dios, del destino, de casualidad, puede llamarse como sea, aunque para mí fue un propósito divino encontrar en los tres momentos de más oscuridad, de menos ganas de vivir y de más necesidad de cosas que me ayudaran a aferrarme para estar aquí, a mis tres hijas y amigas gatunas.

En mi mente tengo presente que si un ser de estos, que se comunica con nosotros en un lenguaje completamente diferente y que incluso a veces no entendemos, siente cuando estás mal, cuando te hace falta compañía, mucho más lo deberíamos hacer nosotros como personas. Creo firmemente que culaquier persona que necesite un motivo o razón para levantarse con todas las ganas a partirle la pechera al mal tiempo e incluso a las desgracias, no sólo necesita fieles y leales amigos que no huyan en la tormenta, sino que también le sería bastante útil estar acompañado de los que para mí son la mejor compañía que un humano pueda tener, un amigo gatuno.

Así que a ti, apreciado lector que hoy te detienes unos minutos a leer estas palabras te digo, abraza los buenos motivos que te hacen levantar cada día de tu cama. Ten presente que aunque la mayoría del tiempo no vemos el impacto que tenemos en el mundo, este está presente, en la sonrisa que le regalas a mamá, en la comida que le recibes a tu abuela, en el primito que puedes acompañar al parque, en el hermano menor que te verá ejemplo, incluso puedes ver el impacto que tiene tu vida, cuando le sonríes a un desconocido, cuando puedes darle los buenos días, por favor y gracias de la manera más amable a cualquier persona que te atienda.

Finalmente, cumplimento con mi doble propósito al escribir estas líneas, los invito a abrir su corazón a ese perrito o gatito callejero, que busca tener un hogar donde le brinden un poco de amor. Por experiencia, puedo decirles que por lo menos una vez al día sonrió al ver a mis gatas, cada día tienen por lo menos una ocurrencia distinta, cada día es un regaño distinto porque parecen incansables y cada día Alana, Mishita y Susie Pooh me recuerdan que tres veces salí de mi tumba y también son ellas ahora 3 motivos para luchar con la depresión, con la ansiedad y con cualquier otro trastorno que se encuentra en la historia clínica.

 

 

 

 

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