Heterogéneo
Eres mi sueño y en definitiva no quiero que nadie me levante.
A mis días oscuros tu amor le dio luz.
Cuan errante andaba antes de encontrar el ancla de tus besos y el bálsamo de tus abrazos.
Si Dios y la vida me hicieran volver, mi alma no dudaría en navegar en busca de tus brazos.
Fuiste el puente que necesitaba para encontrarme nuevamente con el creador.
Mis ojos vieron tu luz y quedaron cegados para siempre, ahora sólo a ti puedo verte.
Cuando te sueño no hay quien me quite la dicha de compartir contigo en mis lugares.
No entendía como la agitación y la calma tan antagónicas entre sí podían estar juntas hasta que recibí tu primer beso.
Me has hecho dichosa, trajiste vida a mi vida y tus ojos me han sacado las mejores sonrisas.
Eres mi milagro del cielo, mi pieza soñada, en mi corazón llevo marcado cada momento que hemos compartido.
No te vayas, no te vayas nunca, grita mi alma arrebatada por la angustia de imaginar mi mundo sin ti.
Contigo he aprendido que el amor tiene muchas facetas, es políglota, se transforma y transfigura con cada acto o palabra, pero siempre permanece.
Cuánta verdad hay en el libro de la vida al decir que el amor nunca deja de ser.
Mis latidos se ralentizan al sentir el descompasado latido de tu corazón, tal vez eso les ocurre a las almas que nunca habían sentido tanto y que vibran con algunas presencias, presencias como la tuya.
Mis sentimientos son una espesa bruma que se disuelven cuando me escuchas.
Mis pensamientos atormentadores casi nunca están presentes cuando te encuentras a mi lado.
Diría que eres mi rayito de luz, pero estaría mintiendo porque en ocasiones tu luz resplandece tanto que te siento como el sol, alumbras cada lugar.
Tu amor ha sanado mis miedos, los has desnudado frente a ti.
Tus ojos son lumbreras, han sido mi faro y espero que el barco de mi vida pueda tomarlos como guía.
Contigo iría a cualquier lugar y sé que se haría mejor.
En la frescura de la cima de mi montaña, siento el aire fresco de tu compañía.
Quiero estar contigo hasta que todas las estrellas pierdan su brillo, hasta que el viento no sople más o hasta que encuentren los límites del universo.

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