El principio de reconocer la verdad como referente en la vida ha sido instaurado desde el inicio de los tiempos, en el que se condenaba la mentira y se exaltaba la transparencia, incluso se hablaba de “empeñar la palabra”, al ir al diccionario encontramos que “la verdad es la concordancia del pensamiento con lo real. En este sentido, si tal correspondencia no se da, entonces podemos afirmar que se trata de una proposición falsa” dado esto se puede afirmar que se requiere coherencia entre realidad y juicio pero hasta qué punto las ideas sobre alguien ya sea conducta o creencias pasó a ser algo que despierta señalamientos y actitudes propias de juez, desde cuándo exponer las ideas se convierte en un espacio en el cual hay humillaciones en nombre de la verdad, y más cuando hay años de experiencias y títulos de por medio, he podido experimentar en carne propia lo que significa sentirse gravemente vulnerado en su dignidad y al establecer los límites esto se convierte en una ofensa al acusador, expresar lo que nos hace daño lejos de hacer que el interlocutor baje su agresividad le invita a continuar ofendiendo y aprovechando la vulnerabilidad que experimentamos para seguir contando sus verdades o emitiendo sus juicios sobre la realidad de una forma “ honesta”, “ sin ofender” , “ dando una crítica constructiva” pero justo después de estas palabras se suman otras que llevan en si un trasfondo de desestabilizar emocionalmente a quien lo escucha lo anterior se denomina Sincericidio, este es un término acuñado en la actualidad que cada vez toma más ímpetu, conjugar la palabra sinceridad con el sufijo “cedió” que significa “ acción de matar” quiere decir cómo se puede hacer daño verbalmente a alguien justificando su derecho de expresarse, son personas que creen tener la verdad absoluta y son motivadas a hablar en sintonía a sus impulsos, a su vez que utilizan palabras hirientes y tono agresivo para darle más “fuerza” su mensaje.
¿Desde cuándo se volvió costumbre herir a los demás bajo el nombre de ser sinceros sin tener el tacto pertinente?, ¿desde cuándo vale más las ideas que tengo sobre una persona que su vida misma ?, es más importante la integridad física y moral de las personas que las ideas que profesa o lo que creemos que hace, podemos no compartir ideas con todos pero si separar lo que el otro piensa de lo que en realidad es su esencia, y esto hace parte del respeto hacia los demás, la acción de comunicarnos evoca un profundo deseo de relacionarnos, de dar a conocer necesidades e incluso sobrevivir, y no podemos permitir que esta cultura del sincericidio acabe con las relaciones interpersonales, sueños, salud mental, y el verdadero significado de la sinceridad, que en su condición propia quiere decir expresar lo que se piensa con respeto y empatía, conociendo el momento y espacio adecuado para dar a conocer una verdad, y muy generalmente ligado a un consejo u orientación para que su oyente pueda contar con una alternativa para mejorar su actitud o proceder, es decir se resalta el atributo de la bondad, razón por la cual se señala a la mentira como enmarcada en lo malo por el empeño de manejar toda una estrategia egoísta en la priman sus intereses sin pensar en lo que el otro pueda sentir terminando en su mayoría de veces haciendo daño a terceros o a sí mismo.
Para ello, sugiero:
Cuida de tu salud mental
No podremos hacer frente a juicios inapropiados sino contamos con el autocuidado, buena higiene del sueño entre otras, sí estamos susceptibles e irritables es más probable que cedamos a las ofensas y en el instinto de sobrevivir y defendernos solo logremos sentirnos avergonzados o culpables por bajar al mismo nivel del agresor; cuida también de tus puntos débiles y entrénate en terapia con tu profesional de la salud mental para que seas tan fuerte que nada te perturbe, y sí flaqueas dando a conocer tu fragilidad puedas levantar tu frente reconociendo que ser frágil te hace grande porque es muestra de que sientes, de que vives y tienes todas las posibilidades de convertir ese momento en un elemento para tu crecimiento personal.
Conócete
Frente a un ambiente hostil y rodeado de personas toxicas, es importante conocernos y tener vías de escape para evitar malos momentos, tu tranquilidad es lo más importante, pide permiso y ve y toma un poco de aire libre, toma agua y habla con alguien antes de que “explotes” y digas palabras de las cuales te arrepentirás después; conoce cuál es tu limite y huye, calla o evade temas sensibles antes de hacerte más daño.
Ofrece el bien y la cortesía en lugar de la ofensa
Despídete si saldrás del lugar u ofrece disculpas a tiempo sí notas que hiciste algo que pudo causarle daño al otro, saluda y decídete perdonar para que no nazca en ti la semilla del resentimiento; Elige proporcionar felicitaciones en público y en privado críticas y quejas, no destruir la imagen de los demás con palabras, no condenarlos al error, y reconocer que todos tenemos la capacidad de llegar a ser nuestra mejor versión.
Una persona herida hiere a otros
Cada quien da de lo que tiene en su corazón reza el libro de enseñanzas de Dios, y creo que es cierto las personas no puede tener tantas facetas o es amable o simplemente no lo es, la amabilidad no se finge o de ser así, no podrá ser por mucho tiempo, las personas manejan su faceta real tanto en casa como en un entorno laboral o educativo.
No tienes por qué sufrir las consecuencias de las heridas de los demás, elige mantener distancia ya sea física o emocional y evita que sus palabras hagan eco en tu alma sino que cual boomerang vuelva a su remitente, y de ser posible direcciona a las personas a ayuda profesional para que puedan tratar en terapia lo que les aqueja; La mayoría de veces hay personas que muestran enojo pero en realidad sienten miedo de no ser tomados en cuenta o de fallar pero no permitas que su enojo te contagie y tengas un mal día.
Comprende que tu identidad va más allá de las ofensas
Cuando sabes quién eres ninguna ofensa podrá hacerte dudar de tu valor, llénate de tanto amor, de tanta aceptación, de tanta paz y autocontrol que sí alguien pretende ofenderte seas capaz de determinar que se tratan de palabras infundadas y que nadie más que tú sabe cuánto te ha costado llegar a donde estas, solo tú sabes el valor de tus lágrimas y lo mucho que cuesta tu sonrisa, y de hecho la sonrisa es el mejor antídoto ante el sincericidio, nadie puede derrumbar a alguien feliz.

Crónicas de un impaciente anunciado