El hombre no es una creación,
es una inspiración;
El hombre no es un cuerpo lleno de músculos,
es un alma que bulle sensibilidad,
aunque sus lágrimas se oculten
en un cristal sin refracción;
El hombre no tiene brusquedad,
tiene cicatrices a causa de la rudeza del tiempo,
porque desde el origen de la humanidad,
sus épocas difíciles le han hurtado gratos momentos,
el hombre no teje con hilos de colores,
él los diseña con la ternura que sucede
de la mujer que lo parió;
El hombre no tiene dominancia,
tiene impregnadas en su ADN
las libertades homogéneas,
que yacen en los labios tibios
de la hembra que ama,
tiene la fe y la valentía
que resguardan los brazos redentores
del Salvador del mundo.

Las finanzas publicas y el Estado prospero