Columnas

La falsa superioridad del lector

De acuerdo con un informe de la revista Forbes (2023)  “Los libros de autoayuda, biografías y ficción fueron los géneros más vendidos...

De acuerdo con un informe de la revista Forbes (2023)  “Los libros de autoayuda, biografías y ficción fueron los géneros más vendidos durante 2022 en Colombia” esta información desató un sin número de juicios de valor sobre las lecturas populares, sobre todo en la caldera de twitter, en donde crucifican individuos, ideas, puntos de vista y demás sin derecho a proceso alguno de duda razonable sobre contextos, situaciones de excepción y circunstancias especiales y es curioso porque existe bastante confusión y muchas personas creen que no leen autoayuda y están repletas de manuales sobre cambios de hábitos, nuevas rutinas de trabajo, entre otros.

De cualquier modo me animé a ver la lista de los libros más vendidos, entre ellos figura el libro autobiográfico del actual presidente de Colombia, algunos otros de inteligencia emocional, nutrición  y una que otra novela. Debo con sinceridad expresar que ninguno de ellos me pareció tan grave como para lanzar una opinión apresurada sobre la “baja calidad” de las lecturas en Colombia, lo que sí me preocupó es que leemos la mitad del promedio de libros que son leídos en América latina, aproximadamente dos libros por persona al año y eso es muy poco, muy poco para lo que podríamos leer, muy poco para lo que deberíamos leer si queremos avanzar como sociedad; no porque los libros contengan la fórmula mágica del progreso, pero algunos llegan a ser tan buenos que despiertan conciencias y de eso necesitamos mucho.

Aparte de lo lamentable que resulta un número tan bajo de lectores, es triste que dejemos de lado las interpretaciones que como individuos podemos hacer a determinados fenómenos que son tan dicientes de nuestras realidades, ¿Por qué los Colombianos están buscando respuestas sobre su vida personal en los libros? y como respuesta lógica a esta pregunta solo puedo pensar en las carencias de un sistema educativo que apenas introduce las competencias socioemocionales en los currículos hace menos de una década ¿Quien atendió las necesidades emocionales de las generaciones que ahora deben satisfacer desde los ámbitos profesionales las necesidades colectivas? esa búsqueda de respuestas sobre el sentido de la vida, la gestión adecuada de las emociones, la organización de lo cotidiano. Ese paso a paso que nos muestra la literatura de autoayuda es la que permite que cualquier ser humano pueda adentrarse en el viaje de autoconocimiento y ese quizá sea el único camino de hallar verdades propias indispensables para el crecimiento personal.

Y sí, concuerdo con los que piensan que sería mucho mejor que ese viaje hacia adentro fuese guiado por autores exquisitos como Hesse, Fals Borda, Wolf, Kafka, Camus, Victor Hugo  o por una amplia lista de referencias sobre los filósofos que nos dejaron siglos de pensamientos sueltos a los que les hemos dado el acomodo que nos ha venido en gana pero luego vuelvo a la realidad que empaña los “debería” que encierran a Colombia en un cúmulo de imposibles y entre ellos sé que hay tantos lugares en donde ni siquiera se actualizan las pedagogías porque hasta allá no llega la institucionalidad para capacitar docentes, con suerte llega algo de internet y si acaso se puede leer el Quijote hay un solo ejemplar en un salón de treinta estudiantes que cruzan un río en canoas para poder llegar a su colegio.

Reflexiono en todo esto y el hondo en mi pecho se profundiza ¿Con qué derecho quienes hemos sido privilegiados por una educación integral criticamos las elecciones de una mayoría que no tuvo acceso ni a la cuarta parte de nuestros privilegios? ¿Con qué objeto ganamos conocimiento si no es el de compartirlo sin egoísmos y sin pretensiones? ¿Bajo qué argumento profesamos la experticia en diferentes áreas si nos molestan las preguntas más básicas que tengan para hacernos? ¿Por qué damos por sentado las supuestas obviedades de la vida desconociendo las otredades?

Existe una falsa superioridad en nosotros cuando nos consideramos mejores por lo que creemos, leemos y hacemos; son simples elecciones personales que al final solo muestran una voluntad que no puede ni debe ser evaluada por nadie más, hacen parte de nuestra libertad, aquella que hemos cedido en justa medida por el contrato social (Rousseau) y al menos en cuanto a las decisiones sobre nuestras preferencias deberían ser respetadas. El discurso de muchos grupos en la actualidad habla de empatía, solidaridad, estar conscientes de los privilegios pero cuando no encuentran en su receptor un experto en temas varios que figure con las mismas ansias de protagonismo lo lanzan en una hoguera sin la más mínima muestra de compasión.

El acceso al conocimiento debe mejorarnos como personas, transformarnos, hacernos complejos en lo profundo y simples en lo superficial; si tuvimos en este país la enorme oportunidad de entrar a una biblioteca o de comprar los libros que se nos antojaron y en esas experiencias tuvimos el placer de enamorarnos de la lectura, de alguna forma tenemos que ser lo suficientemente astutos para darnos cuenta que en medio de esa gran montaña de saberes sin explorar que tenemos pendiente, somos grandes ignorantes y el reconocerlo nos evita caer en el ego inflado de que nuestros conocimientos nos ponen por encima de otro ser humano y sus preferencias.

Escrito por Maria Del Carmen Sierra Buelvas
Estudiante de Derecho en la Corporación Universitaria del Caribe CECAR, fundadora de Cognitio, una marca creada para democratizar el conocimiento. Profile

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