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La muerte y el tránsito

Hace algunos años, no recuerdo cuántos exactamente escribía para uno de los ensayos que solía hacer en el colegio, que la muerte...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 2 min read >

Hace algunos años, no recuerdo cuántos exactamente escribía para uno de los ensayos que solía hacer en el colegio, que la muerte en Colombia se había normalizado; y bueno, por supuesto que la muerte es algo natural y hace parte de la vida, pero me refiero a la muerte en su versión homicida, asesina o como quieran llamarla. Parece que en Colombia y especialmente en Sucre, la muerte llegó para quedarse.

Desde inicios del año, es casi que normal ver en los diferentes medios de comunicación por lo menos una noticia al día de alguien asesinado, de alguien víctima de sicarios. La muerte se ha normalizado y lo ha hecho de la manera más cruel e inhumana, cientos de personas la justifican porque los que han muerto “algo debían”, o “se lo buscó”. Estas son algunas de las frases que han manifestado los medios y la voz populi para justificar estos actos atroces.

El periódico El Universal, en una de sus noticias del 5 de marzo del presente año, manifestó que la cuenta de homicidios en Sucre ascendía a 64 personas, con los días que han pasado dicha cuenta lastimosamente no ha parado de aumentar. Las personas muertas pasan a ser para la gente y para los medios nada más que cifras; la inseguridad, el miedo y la indiferencia ante la situación crece con cada vida cobrada.

Es realmente alarmante e incluso a mi que me encuentro escribiendo estas palabras me sorprende y hastía como es que hemos normalizado la violencia a tal punto, que ver un homicidio más se convierte en algo común. No se nos conmueven las fibras del corazón, del alma o lo que sea que llevemos bien adentro al darnos cuenta que la muerte no da solución a los problemas que aquejan a los sucreños.

Hace falta un par de meses para que Sucre y los demás departamentos y municipios del país tengan que elegir a sus gobernantes, y no es para nada sorprendente que estemos viendo a ciertos sujetos por las calles, promulgando su preocupación por la inseguridad, fingiendo incluso amenazas y mostrándose tan preocupados y acongojados por la situación del municipio y del departamento que ya casi son nominados al Óscar por semejante actuación.

Es demasiado indignante y hasta repele el hecho de tomar cifras de vidas humanas, de muertes que nadie debería tildar de justas, para catapultar una campaña política. Ahora bien, dejando de lado los discursos aberrantes que tenemos que escuchar en este lado del planeta, retomo la idea que me llevó a escribir estas palabras; cuántas vidas más deben ser tomadas y “cobradas” o cuál vida es la que le interesa a cada ciudadano sucreño para que entienda que no existe sobre esta tierra un ser que pueda decidir por la vida de otro, ni incluso teniendo un juicio.

Los siglos han pasado y muchas de las mentes siguen siendo retrógradas en cuestión de derechos humanos, la moralidad está viva y despierta para ciertas cosas, pero en cuánto alguien es colgado por lo menos una vez en el madero, entonces le entra a las personas ese ímpetu de jueces y señores, dueños de la vida y de la justicia.

En el departamento de Sucre hay muchísimas cosas que están mal, de eso no hay duda y no hay siquiera cabida a que se discuta lo contrario, pero realmente espero que la comunidad pueda cambiar esa percepción errada que tiene y que considere que la moralidad no sólo se encuentra en las cosas pequeñas, sino que hay incluso situaciones en las que consideramos que algo es justo y que está bien, cuando realmente es aberrante y digno de un profundo análisis y por supuesto, autoanálisis.

Finalmente, por más increíble que le parezca a aquellas personas que no están familiarizadas con el tema, según los expertos, es más que claro que medidas como la pena de muerte no previene para nada el crimen y esto no quita que siga siendo inhumana, discriminatoria y hasta arbitraria. La respuesta al crimen que en Colombia y en el departamento de Sucre está tan organizado no se soluciona con muertes, con ejecuciones legales o paralegales, la realidad del departamento tiene un trasfondo mucho más grande, sin embargo por ahora en Sucre y más específicamente en Sincelejo, la ciudadanía sigue luchando con la muerte y también con el tránsito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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