Columnas

La violencia no tiene género

Amigas y amigos es un gusto poder encontrarnos nuevamente a través del espacio de Soy Ciudadano para compartir reflexiones. En esta oportunidad,...

Foto del avatar Escrito por Leonardo Oviedo Revollo · 3 min read >

Amigas y amigos es un gusto poder encontrarnos nuevamente a través del espacio de Soy Ciudadano para compartir reflexiones. En esta oportunidad, quiero que analicemos el concepto de violencia de género a partir de nuestra experiencia nacional, pues es claro que la violencia no es una palabra o vivencia nueva para nosotros. Lamentablemente, nuestro país tiene una historia viva sobre este tema, tal como lo hemos analizado en otras columnas escritas para esta iniciativa.

En principio vale la pena destacar, que la violencia personal se define como: “el ímpetu y fuerza de una persona que se deja llevar por la ira.” En este orden, es natural concluir que el combustible para la violencia es la ira. Esto no es un dato menor, ya que según el último estudio nacional de salud mental el 40,1 % de la población que se encuentra entre los 18 y los 65 años ha sufrido o sufrirá alguna vez en la vida un trastorno mental, lo cual incluye problemas de control de la ira, entre otras patologías mentales y sucesos diarios que contribuyen al desequilibrio emocional.

Ahora bien, en lo relativo a la violencia de género esta se describe como el maltrato que ejerce un sexo hacia el otro, que puede ser de hombre hacia la mujer o viceversa. Sobre este término, la ONU indica que se está frente a este tipo de violencia cuando existen: “actos dañinos dirigidos contra una persona o un grupo de personas en razón de su género. Tiene su origen en la desigualdad de género, el abuso de poder y la existencia de normas dañinas.” Adicionalmente, existen varias formas en las que se manifiesta la violencia de género como son la violencia económica, física, psicológica y sexual.

Haciendo una pausa en este punto, quiero invitarles a advertir y meditar en como la problemática de la violencia en nuestra latitud, se ha vuelto un asunto de solo discurso en el que se han realizado construcciones teóricas y de ingeniería social para tratar de visibilizar el sufrimiento de la mujer en la sociedad, así como también el de algunas minorías que han sido víctima de la opresión de una sociedad masculinizada. Pero toda esta parafernalia, aunque pueda estar bien intencionada no ha atacado el génesis real del asunto, que consiste en que somos un país violento y la violencia no tiene género.

En efecto, cuando vemos en detalle las actuales cifras de violencia en Colombia en los primeros 6 meses del año 2021. Encontramos que según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses se han reportado 12.288 personas muertas en el país de manera violenta. Luego, Al discriminar esta cifra nos encontramos que se han registrado 6.220 homicidios, 1.259 suicidios, 3.320 accidentes de tránsito y 1.489 muertes accidentales.

De igual forma, el informe en mención precisó que, de ese total, 10.825 víctimas corresponden a hombres que fallecieron en diferentes circunstancias como homicidios 5.760; 2.813 en accidentes de tránsito; 1.229 de manera accidental y 1.023 en suicidios. Por su parte, en el caso de víctimas femeninas, se conoció que 1.461 mujeres murieron en el país, de las cuales 459 fueron por homicidios, 236 por suicidios507 en accidentes de tránsito y 259 de manera accidental.

Por consiguiente, podemos señalar claramente sin temor a equivocarnos que en Colombia mueren en razón de homicidios, suicidios, accidentes de tránsito y muertes accidentales más hombres que mujeres y las diferencias en este aspecto son abismales. De otro lado, es pertinente examinar lo concerniente a las cifras de lesiones personales en el primer semestre del año 2021.

Así las cosas, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses también reveló que 68.769 personas resultaron lesionadasLa mayoría de las afectaciones fueron producidas a mujeres con 37.521 casos, mientras que se presentaron 31.248 casos de hombres. Igualmente, la estadística arrojó que 8.816 mujeres fueron víctimas de violencia interpersonal y se investigan 8.395 casos de presuntos abusos de tipo sexual. A su vez, se destacó que 17.554 mujeres fueron atacadas dentro de sus hogares (violencia intrafamiliar). Otras 2.534 mujeres resultaron atacadas en medio de accidentes. De otra parte, en lo concerniente a los hombres el aludido informe reporta que 19.809 hombres fueron víctimas de violencia interpersonal, 1.282 de presuntos delitos sexuales, 5.109 de violencia intrafamiliar, 4.613 resultaron heridos en accidentes de tránsito y 435 de manera accidental.

De acuerdo con lo anterior, es posible subrayar sin duda alguna que en nuestro país más mujeres son víctimas de lesiones que los hombres, según lo detallan las entidades estatales que hacen seguimiento a estos delitos que constituyen al mismo tiempo fenómenos sociales que muestran una radiografía de la realidad de la violencia en Colombia.

Cabe señalar entonces, queridas amigas y amigos, que existe cierto discurso ideológico en el que se persigue crear una aparente guerra entre mujeres y hombres, para ello se instrumentalizan personas e historias que muestran las terribles consecuencias de la violencia en el cuerpo y el alma de colombianas y colombianos que han sufrido ese horror. Pero déjenme decirles algo, los hechos violentos que sufrimos no tienen que ver con que seamos hombres y mujeres, sino al hecho de que como sociedad padecemos de una cultura de violencia, en la que debido a lo que hemos padecido, sufrido y vivido en nuestro territorio, ciertas ideas, tradiciones y costumbres violentas se han impregnado en nuestra mente, al punto de resolver los conflictos no por conducto del diálogo y los instrumentos legales, sino mediante la agresión, la agarrada del cabello, el machete y los puños.

En consecuencia, el gran salto del cambio en nuestro país, corresponde a una nueva generación en la que debemos reconocer y enfrentar nuestro verdadero problema somos violentos, y a partir de este acto de sinceridad nacional, debemos ir en un proceso consciente y progresivo de eliminación, así como de renuncia a todas las justificaciones que hemos construido para realizar hechos violentos. Al inicio de esta charla, señalamos que la violencia se alimenta de la ira, razón por la cual, existen imaginarios que vencer tales como que creemos que ser iracundo es sinónimo de fortaleza y tesón y mostrar tristeza es admitir que somos débiles. Luego entonces, en clave de visión del país que todos soñamos, debemos aportar a la verdadera construcción de la paz desde la honestidad reconociendo nuestras debilidades y fortalezas, trabajando en la transformación de nuestra ira para dejar de alimentar la violencia. ¡¡Colombia si podemos!!

Escrito por Leonardo Oviedo Revollo
Abogado, Especialista en derecho administrativo, con estudios de Maestría en Derecho de Estado con énfasis en Derecho Administrativo. Profile

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *