Hace varias semanas, tal vez más de las quisiera reconocer o las que dejé de escribir para la página, tengo una idea dándome vueltas en la cabeza y por supuesto, tiene que ver con un tema que vivo de cerca, pues, ¿cómo podría hablarse a lo largo y ancho de algo que no se vive en carne propia? El punto es que hoy, luego de salir a votar, he dejado el tema de pensiones en un rinconcito de mi cabeza y le he abierto espacio al tema que hoy, es la sensación, o más bien también es sentimiento, porque así pensé que lo llevaríamos.
Para mí y para muchos de los jóvenes que salieron hoy de sus casas con el firme propósito de ejercer su derecho al voto, este ha sido nuestro día histórico, pues por primera vez en Colombia se eligen Consejos Municipales y Locales de Juventud en los 1097 municipios del país. Es importante recordar y tener claro, que la participación del liderazgo juvenil en estos escenarios viene a fortalecer nuestra democracia y sobre todo, desde mi plena convicción, viene a darle voz a quiénes éramos la voz de nadie.
Por muchos años, incluso en aquellos que quizás mi mente evoque recuerdos inexistentes, el tema de discusión se centraba en la falta de visibilidad, de representación, pero sobre todo la falta de voz que hacía falta y era necesaria que tuvieran los jóvenes en el país. Los debates, las discusiones estudiantiles y de los profesores, siempre traían a colación estos mismos argumentos. Dado que en estos escenarios, una y otra vez la excusa era, que nuestros problemas no tenían solución puesto que no había nadie que alzara la voz para hacerlos visibles.
Con frecuencia pensaba, que todos tenían razón, que quién mejor podría hablar de las preocupaciones y problemas que aquejan a la juventud, sino nosotros mismos. Quién mejor defendería la educación superior de calidad y lucharía por su gratuidad sino aquel joven que tiene que rasgar con uñas y dientes de cualquier lugar para poder asistir a una universidad, y que sin embargo, muchas veces iba con el estómago vacío.
Cada vez que escucho las palabras de Jaime Garzón, mi piel se eriza, porque crecí con la plena convicción y confianza en una juventud que se levantaría para crear la paz, pero sobre todo para transformar la democracia. Yo he soñado con un país libre, pensante y educado, que sea movido por la vivacidad y energía de los jóvenes, aquellos que hoy crecen sin el rencor y el peso de los tiempos pasados y que miran el futuro con esperanza.
Acompañar a mi madre y a mi abuela a ejercer su derecho al voto, a contribuir con la construcción de una sana y equilibrada democracia era una de mis mayores alegrías y aunque no era mi voz la que resonaba en esos tarjetones, si era mi corazón retumbante el que soñaba con un día dirigirse a una urna y elevar un voto, por una Colombia mejor. Mi sueño, siempre fue que la juventud fuera escuchada, que tuviera espacios, que tuviera una voz, porque antes de las redes sociales, antes de esta oportunidad, los jóvenes en Colombia, habían ido apagando su voz y para mí, eran la voz de nadie.
Mi patriotismo, mis creencias políticas y sociales siempre han tenido a los jóvenes como el centro del cambio. El histórico acontecimiento de la séptima papeleta es algo que ha atesorado mi corazón, como una lección de la juventud no sólo hacia el país sino que se extiende a toda América Latina. Fueron los jóvenes quienes tomaron la iniciativa y le dieron a Colombia una Carta Magna digna de un país en busca de la protección de sus derechos, de políticas más garantistas y sobre todo le dio las alas para superar una de sus más profundas crisis.
Por años, esperé que llegara el momento de que la voz de nadie, se convirtiera en la voz de las nuevas generaciones; sin embargo, hoy luego de ir a mi mesa de votación y darme cuenta que muchísimos jóvenes no valoraron este importante e inmemorable momento, mi corazón de entristeció, porque una vez más dejamos pasar las buenas y grandes oportunidades de hacer historia, de cambiar nuestra Colombia y de construir la democracia.
Para finalizar me gustaría dejar las sabías palabras que un día dijo el querido Jaime Garzón, quién a mi parecer, lo entendió todo.
“Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo. ¡Nadie!”.

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