“Cualquiera cree saber que es el posmodernismo, la gente le dice a uno, mi película es posmoderna, responde a una estética posmoderna, mi teatro es posmoderno, mi actuación es posmoderna, en esa galería exhibo mis cuadros posmodernos”.
José Pablo Feinmann, Filosofía aquí y ahora
Lo pos – moderno – después de lo moderno -, parece un postulado muy normal en tiempos de globalización y capitalismo galopante. A finales de los años 80, aparece en el escenario de las humanidades francesas un libro de gran factura, que inauguraba un concepto, hasta ahora no integrado al análisis social. Jean-François Lyotard, es quien en su escrito titulado La condición posmoderna (1979), nos da las primeras luces, de lo que hoy conocemos como posmodernidad, entendida como la superación de los grandes relatos de la humanidad – el iluminismo, el marxismo, el cristianismo, etc. – y una visión teleológica de la historia, es decir, tiene un fin específico y determinado.
Escuela y posmodernidad, una relación ambigua.
La escuela es quizás una de las instituciones de mayor importancia en la formación humana, no solo académica, sino ideológica, cultural y social. En términos de Durkheim:
“La escuela es por excelencia una institución social, allí el ser humano inicia sus primeras relaciones, su acción social experimenta una apertura hacia los demás, la escuela no se comprendería por fuera del ámbito de lo social”
Ahora si bien Durkheim, ve en la escuela un estadio de interacción social indispensable en las relaciones humanas y en la capacidad de los individuos de abrirse socialmente, también es cierto que la escuela, en un sentido clásico, posee un sustrato homogenizador, sus inicios, están dados por la necesidad de formar ciudadanos con condiciones iguales. El disciplinamiento de los cuerpos lo llamaría Foucault (1975), las relaciones de poder que se establecen en ella, no son más que las condiciones necesarias de dominio y control, que el autor referido denominaría microfísica del poder. Ahora que relación se podría establecer entre lo que se conoce como escuela posmoderna, control social e ideología del ya, del instante. Primero tendríamos que definir a qué se le llama escuela posmoderna. Democratización, inclusión. Igualdad y universalidad, términos centrales del discurso pedagógico pos – moderno, que considera a la escuela como un espacio dinamizador de las relaciones sociales del alumno, pero en cuanto a su individualidad, el colectivo se ubica en un segundo plano, aunque los teóricos de la escuela posmoderna, mencionan de manera reiterada el concepto de inclusión en un sentido general, es contradictorio a la esencia misma de la escuela, ya que su génesis busca moldear y condicionar el conjunto de los individuos, no al individuo por fuera del conjunto social, así en pocas palabras la escuela en tiempos de “posmodernidad” , se aleja del ideal primordial de toda intención educativa, que en simples razones es formar para la sociedad, en ella y para ella. Si bien queda un poco en el aire la definición de la escuela posmoderna, lo central en el caso colombiano es hasta qué punto es posible hablar de pos – modernidad y cómo estructuraríamos un proyecto pedagógico posmoderno, Jorge Orlando Melo, en un interesante artículo publicado hace un par de décadas, argumentaba cuan complicado es hablar de modernidad, toda vez que como proyecto, no ha sido concreto y estructurador del proyecto nacional del país, es un poco osado pretender dar génesis a un discurso posmoderno, en estructuras sociales con tintes pre- modernos, como lo establece Melo. La escuela no escapa de estas dinámicas, al contrario, las desarrolla y en otros casos las interioriza a tal punto que modifican todo el tejido pedagógico y social del modelo pedagógico.
La relación entre posmodernidad y escuela, es por lo tanto tensionante, en la medida que se establecen conflicto entre sentimiento de individualidad que pregona el posmodernismo y la misión primordial de la escuela como formadora de sujetos sociales activos y comprometidos dentro del contexto social mismo.
La escuela deliberativa: una propuesta alternativa.
En la actualidad, más que hablar de escuela posmoderna desde las ciencias sociales, deberíamos hablar de una escuela deliberativa en el sentido en que Habermas, define su idea de democracia deliberativa (1998, 1999). Si pretendemos tener escuelas con altos grados de inclusión, entendida como un proceso de aceptación y reconocimiento del otro como actor valido, es fundamental el dialogo abierto entre educandos, educados, padres y demás actores sociales y pedagógicos en torno a qué modelo de educación queremos orientar nuestros esfuerzos y fijar un horizonte claro y posible, todo ello marcado por un sistema de intercambio y debate de ideas dentro de la totalidad de la comunidad educativa. La deliberación sería la centralidad de esta propuesta, de la cual se desprenderían espacios discursivos, que permitan el enriquecimiento de la democracia y la inclusión dentro de la institución, de igual manera es importante mencionar que más allá de cualquier teoría, lo que pretende es plantear una alternativa desde las ciencias sociales, a un modelo caduco, pre – moderno y poco inclusivo.
Por último, debemos asumir que la estructura propia de la escuela puede modificarse, cambiando de orientación su principal función y llevándola al debate público, la escuela debe salir de la escuela, debe entregarse a la sociedad, a la que se debe en palabras de Durkheim. En conclusión, no es necesario etiquetar esquemas de pensamiento contemporáneo, asumir como absolutos modelos pedagógicos e ideológicos que más parecen una moda discursiva, y que divagan en sus argumentos al no tener una explicación clara de los fenómenos sociales, a los cuales pretende abordar.
La pos – modernidad pasara más al panorama de la historia como un conjunto des- estructurado de zonas grises de la teoría social, su discurso en la actualidad es muy discutido. Europa la cuna de la posmodernidad vive una crisis social sumamente preocupante, el discurso de la inclusión que debería ser el caballo de batalla de los posmodernos no tiene calado en una sociedad cada día más fragmentada y divida por la xenofobia y el avance de la derecha ultranacionalista en países como Francia, Holanda, Grecia, etc. Muestra de cuan critico ha sido el discurso posmoderno, si se puede hablar de posmodernidad en un contexto donde todavía hoy discutimos la modernidad como proyecto inconcluso, las miradas deben ser fijadas en procesos de formación de ciudadanos del dialogo, del debate, de la solidaridad, de la tolerancia, pero sobre todo de la sensibilidad social, del respeto por el otro, de sujetos deliberantes.

Devotos cristianos (Parte 2)