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Las ideas siembran violencia

El 22 de julio de 2011, un terrorista solitario de ultraderecha llamado Anders Behring Breivik, realizó dos atentados en Noruega: primero hizo...

Foto del avatar Escrito por Malkin Martinez Montes · 3 min read >

El 22 de julio de 2011, un terrorista solitario de ultraderecha llamado Anders Behring Breivik, realizó dos atentados en Noruega: primero hizo estallar una camioneta llena de explosivos a metros de la sede del gobierno nacional en Oslo y luego cruzó a Utøya, una pequeña isla donde alrededor de 600 jóvenes estaban de camping. Armado hasta los dientes, durante una hora y media los persiguió a disparos.

Rodeado por la policía, se entregó sin resistencia. En el atentado de Oslo murieron ocho personas y en la isla de Utøya, 69 personas, la enorme mayoría de ellos jóvenes de 17 y 18 años de edad. Las reivindicaciones de Breivik tenían que ver con el crecimiento de la inmigración en Noruega y eran, básicamente, un compilado de consignas racistas.

Es necesario resaltar que la sociedad noruega no está acostumbrada a eso; ni siquiera se cuenta con policía armada, es extremadamente abierta, idílica y armónica. Noruega en el 2020 registro 31 asesinatos, 3 más que en 2019; situando una tasa de homicidio en el 0,57 por cada cien mil habitantes. El país Nórdico sigue siendo un país idílico, pacífico y justo. Hay muy pocas diferencias entre ricos y pobres, entre los que están en el poder y los que son gobernados.

Obviamente, no es perfecto y muchas personas pueden sentirse excluidas de las discusiones políticas. Sin embargo, en su momento el actuar de este extremista fue de sorpresa, pero el mayor asombro se dio en su juicio cuando, haciendo un símbolo nazi, dio muestras de altivez, egocentrismo y expreso: “Actué en nombre de mi pueblo, mi religión y mi país” y que a veces es necesario “cometer una barbarie para frenar otra aún mayor”.

El tribunal y los que se encontraban en la sala se llevaron las manos a la cabeza. No era ningún perturbado ni tenía trastorno grave alguno, su único problema era su ideología: el ultraderechismo. Así lo demostró elevando el brazo derecho y ejecutando el saludo nazi.

Era como retroceder ochenta años, a la Segunda Guerra Mundial, y escuchar a Adolf Hitler parafrasear la necesidad de una raza aria y de un mundo mejor sin tanta “escoria” (inmigrantes). Tal fue la obsesión y el convencimiento ideológico de Breivik que llegó a operarse la nariz para que fuese más aria. E incluso utilizó maquillaje para palidecer su rostro. Según sus propias palabras, él fue el primero en ponerse en acción, pero aseguraba que había más “hermanos” planeando nuevos ataques.

Para el autor de esta masacre: “Una persona con una creencia equivale a la fuerza de cien mil que solo tienen intereses”. Así lo expresaba en su cuenta de Twitter cuatro días antes de cometer el atentado.

Después de todos los hechos narrados para colocarle en contexto con mi columna donde he tomado información de diferentes fuentes noticiosas. Quiero señalar que después de los dos atentados perpetuados por este sujeto, la periodista Asne Seierstad ha investigado la vida de Breivik y sus víctimas, y el impacto de los atentados en la sociedad noruega. Parte de su investigación se recogió y hoy es de dominio público en un libro titulado: One of us (“Uno de los nuestros”), publicado en 2015.

Algo para señalar es que el día del ataque, Breivik publicó un manifiesto en internet en que exponía sus ideas nacionalistas, neonazis, antiislam, antiinmigración y antimarxistas. En la actualidad cumple una condena de 21 años de prisión por terrorismo y asesinato premeditado, la mayor pena que existe en el país.

La investigadora y periodista Asne Sejerstad y otros críticos vinculan las ideas radicales de Breivik a la retórica del Partido del Progreso, la formación de extrema derecha noruega. No son responsables por los ataques, pero sí por la retórica, las palabras, el vocabulario y las conspiraciones contra el islam, o el discurso de que “los islamistas están invadiendo Noruega”, incluso cuando tenemos muy pocos musulmanes aquí. Asne también señala que muchos sí son responsables de compartir algunas ideas o conspiraciones. “Ellos saben exactamente que esas ideas también siembran violencia”.

Aterrizando esta información ocurrida en un país culturalmente pacífico y trayéndola a Colombia que es el polo opuesto a Noruega. Acá si somos expertos y nos hemos acostumbrado a resolver todo con violencia, una violencia sesgada y cargada de ideología política que parece renovarse en una nueva temporada con escenas más crudas. En ese breve recorrido histórico podríamos decir que están la guerra de los mil días, el bogotazo y sus siguientes consecuencias, la toma al palacio de justicia, el exterminio de la unión patriótica, los atentados y muertes perpetradas por escobar y los diferentes catárteles, las tomas guerrilleras, las masacres paramilitares.

Aparentemente, hoy estamos mejor que hace 20 años, pues la firma del acuerdo de paz ha bajado la cifra de muertos, la idea de paz total es buena, pero no creo que sea posible sentar a tantos actores armados cuando el negocio del narcotráfico les deja ganancias incalculables no les va a convencer. Por eso, si no hay sometimiento ni deseo de hacerlo, no hay de otra que seguir combatiendo la insurgencia.

Sin embargo, considero que esa idea de ´paz total´ debe comenzar en la retórica, en desarmar las palabras y el discurso, como sociedad, la polarización no da tregua y, por lo tanto, la información y el papel de los medios, líderes de opinión, líderes políticos y ciudadanos de a pie tenemos la responsabilidad de hacer de la violencia una nueva temporada con nuevas escenas, más terror, más miedo y más muertos.

A través de su cuenta de Twitter, la destacada periodista Paola Herrera manifestó: “Yo sí creo que hay formas o “relatos periodísticos” que están manipulados, que hacen daño, que tergiversan, que desinforman, que no tienen contexto o que son incompletos y creo que sí los construyen a propósito y con una mala intención…”.

Cierro diciendo las ideas siembran violencia en Noruega fue un radical de derecha, pero igual pudo ser uno de izquierda o de centro, por lo tanto, sacar los extremismos, y a las ideologías del discurso es lo mejor que podemos hacer como sociedad.

 

Hay una película en Netflix titulada: 22 de julio y es basada en el atentado perpetuado por Anders Behring Breivik, el protagonista de mi columna.

 

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por Malkin Martinez Montes
Lic. En Humanidades con énfasis en lengua castellana. Magister en recursos digitales aplicados a la educación, universidad de Cartagena. Codirector y columnista del portal de opinión Soyciudadano.org Profile

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