“Un protagonismo significativo para la construcción de la paz y la reconciliación desde el territorio”.
(Tercera parte)
Concienciar la paz desde el territorio exige resaltar y valorar la identidad de la mujer campesina empoderada de derechos, con capacidad democrática, con necesidad de desarrollo individual y colectivo, y la vez, poseedora de facultades para desheredar la violencia no solo de su conciencia, sino, de su territorio. Por ende, la mujer campesina, la mujer rural, es tejedora de reconciliación y paz, este protagonismo debe resaltarse tres componentes activos en el ser y el quehacer de la mujer rural:
- EL LIDERAZGO. La influencia para trasforma el territorio empieza siempre por la reivindicación de derechos colectivos, los cuales, empoderan al individuo para ser sujeto de trasformación; sobre esto, el protagonismo de la mujer como del hombre en el ámbito de lo rural tienen un total significado, ya que ha empeñado su capacidad para re direccionar caminos que le permitan la construcción de una sostenibilidad de su propia familia y el desarrollo de sus propios contextos, por ende, actuar en medio de las circunstancias, le ha permitido integrarse y crear instrumentos que le ayudan a reconocerse, identificarse, defenderse y construirse para el logro de propósitos que benefician no solo su proyecto de vida, sino todo un proyecto colectivo; sobre este tejido, el liderazgo de la mujer rural debe considerarse como acción inclusiva en la tarea constructiva de la sociedad. Esto suma para la paz y la reconciliación en el territorio.
- LA EXPERIENCIA. La toma de conciencia frente a escenarios sociales exigen sujetos de derechos con conciencia de deberes, cuyas iniciativas en el trazo de la historia permitan influir en las decisiones que han de ayudar al mejoramiento de las condiciones para el desarrollo de la historia misma. En este sentido, la experiencia histórica de la mujer campesina-mujer rural se a propuesto ser influyente en la metamorfosis del territorio, ejerciendo un protagonismo de luchas por la defensa y el cuidado de sus comunidades. La dificulta estaría en que, la experiencia de la mujer del campo es invisibilizado ya sea por las dinámicas patriarcales existentes, por la poca atención del Estado, o por la poca apertura de la mujer en escenarios de construcción y participación política en el territorio. La experiencia de procesos trasformadores que han sido construidos por la mujer rural, en Colombia dentro de la lucha social y política, han introducido un profundo dinamismo en relación a la promoción humana, la renovación de una cultura que proponga valores legítimos hacia la dignificación y el desarrollo de los territorios, permitiendo incidir en la búsqueda de la paz y la reconciliación.
- EL TERRITORIO. Mas allá de la comprensión geográfica del territorio, este debe entenderse como un espacio de vida donde se construye el ser individual y colectivo con arraigos culturales propios y una creciente identidad que identifica su existencia y su esencia. Aquí se dinamizan los principios y valores comunitarios que marcan un desarrollo integral y la sostenibilidad económica de la comunidad. Pero es en el territorio, donde históricamente se ha dado el conflicto armado colombiano colocando en riesgo su existencia. Este ha sido escenario de disputas de intereses económicos y políticos, creando la visión hegemónica del capital privado, generando todo tipo de violencia y de una política de dominación que excluye, margina y despoja de los derechos de quienes hacen parte de tal realidad, tal política de la muerte aniquila la identidad y la esencia de los territorios obstruyendo su desarrollo y su estabilidad en la historia[1]. Desde este contexto, ha surgido en el camino de la búsqueda de la paz y la reconciliación el liderazgo y la experiencia de la mujer rural no solo por recuperar su empoderamiento y su arraigo sino también, en aquella que se a convertido en promotora de un alto contenido que pedagógicamente es insumo para el reaprender y el reconstruir identidad integral, ayudando en la comprensión y la interpretación de las relaciones humanas y sociales las cuales promuevan trasformaciones de la realidad territorial. Por consiguiente, la figura de la mujer rural-campesina quien es preponderante para el territorio, ayuda a transformado de los hechos del conflicto violento a ser espacios vitales de construcción comunitaria y colectiva. este como espacio para valorar y promover el protagonismo de la mujer rural en su liderazgo para a favor de la construcción de la paz y la reconciliación.
El protagonismos existente de la mujer en la ruralidad debe afianzarse ante un panorama persistente de indicadores de calidad de vida y del goce pleno de los derechos humanos que aun el Estado colombiano no garantiza. Aunque existe un proceso de implementación del Acuerdo Final de Paz, el cual se hace una oportunidad para plantear una nueva hoja de ruta en la ruralidad donde se permita el desarrollo de las capacidades de las mujeres rurales, su autonomía económica y el derecho a una vida libre de violencias y miedo, tales condiciones no se vienen dado en la Colombia profunda, marginada por las estructuras del Estado pero oprimidas por la fuerza de las economías extractivitas dominantes he ilegales. En este sentido se presentan en la ruralidad discriminaciones y violencias basadas en género marcadas por un sistema patriarcal cuya situación evidencia la situación de pobreza o desplazamiento, y de mas acciones de conflicto que se dan en el territorio marcando una barreras culturales, institucionales, políticas y sociales para el ejercicio pleno de una vida digna y de derechos de los territorio[2].
Tal panorama, hace de la presencia activa de la mujer rural un protagonismo que totalmente es significativo para la construcción de la paz y la reconciliación para el territorio, la cual debe ser una categoría que necesita profundizarse para seguir permitiendo la búsqueda de un desarrollo que defienda al territorio, para esto es necesario que se sigan creando instrumentos de participación activa empezando en la construcción de políticas publicas a la luz del acuerdo final de paz y los planes de desarrollo de cada municipio y/o departamento teniendo en cuenta así sus LIDERAZGOS, sus EXPERIENCIAS y los mismos procesos activos en EL TERRITORIO, ya que estos son aportes fundamentales en la transformación comunitaria fortaleciendo las líneas de: i) defensa los derechos humanos, (ii) una participación democrática activa y sin corrupción, (iii) la búsqueda del desarrollo que promuevan un bien común desde los planes de desarrollo y los programas de desarrollo con enfoque territorial (Pedet), y (iv) el desarme de la violencia heredada o impuesta al interior de su identidad colectiva, las cuales desde una memoria histórica se reconozca la exigencia de la supervivencia comunitaria y su tejido social; todo esto con el fin de desarrollar procesos significativos en el territorio que promuevan el desarrollo progresivo de un tejido y una trasformación colectiva que permita que los territorios ser parte de la construcción de la paz y la reconciliación.
[1] Confr. Francia Márquez. Comisión de la Verdad en Colombia. Colección Futuro en transito. Vol. Territorio. Pág.: 9-20
[2] Confrontar: Informe sobre Mujeres rurales en Colombia. Claudia Belén y Lina Arias. CINEP. 2017.

La paz total un toro difícil de mantear