Cultura

Lo efímero de la vida

  Las despedidas, las rupturas, los duelos muestran la parte frágil del individuo, ese apego, y ese temor al cambio que supone...

 

Las despedidas, las rupturas, los duelos muestran la parte frágil del individuo, ese apego, y ese temor al cambio que supone la incomodidad de que” las cosas no son como quería”, ese llanto acumulado en el pecho al cual puede otorgársele la libertad de ser expresado o el castigo del silencio, y es así como se elige sanar o no.

En la medida que se reconoce que algo duele, este puede ser abordado, y se puede determinar qué hacer para traer paz ante la vulnerabilidad de sentir que lo que antes era seguro, hoy no lo es; la capacidad de adaptarse al cambio hace parte de la vida, e implica un aprendizaje y un desarrollo personal. Uno de esos aprendizajes es lo efímero de la vida, cuán importante es darse cuenta que es tiempo de vivir el día a día con coraje e imprimir en cada minuto lo mejor de nosotros, amarnos y amar a nuestro prójimo,  cultivar el alma y el cuerpo, y recordar que la vida se compone de momentos; que vivir el presente es un reto porque estamos decidiendo no vivir del ayer, del ” hubiese” , y también dejamos de lado el querer controlar cada aspecto de acuerdo a nuestra imaginación acerca de lo que ” debería ser”, simplemente le añadimos valor y esfuerzo a aprovechar cada segundo como si fuera el último, como si se tratara de celebrar la vida y permitirnos sentir cada emoción sin que esta nos domine.

Una de las formas en las que podemos darnos cuenta de que no estamos viviendo el presente es cuando experimentamos estrés, insomnio, ansiedad y depresión; lo cual da a conocer que no estamos viviendo sino existiendo y que no contamos con los recursos necesarios para hacer frente a los desafíos diarios. Ahora bien, esto se agrava cuando utilizamos el recurso de la comparación, al comparar estamos compitiendo con el otro, y ciertamente, hay competencias absurdas, la vida no es una competencia, no es una carrera, es una academia, un aprendizaje.

Después de cada proceso hay un alma preparada para recibir aquello que tanto desea, y no porque lo necesite y le haga falta para vivir, sino que es tan feliz que puede llegar aquello que desea y no sentirse abrumado ni perdido ante la bendición y olvidarse de quién lo bendijo,  lo puede recibir sin el miedo de perderlo debido a que no hay nada que poseer, sino que hay mucho que agradecer y soltar para disfrutar. Dejar ir, es dejar ir esa parte de ti que ya no te define y darle paso a lo nuevo, a aquello que mereces, y que solo llega cuando te dispones a respetar tus tiempos, y a entender que no hay desgracia más grande que quedarse inmóvil ante una puerta que se cerró, que lo que nos duele no se olvida pero si se puede recordar sin rencor, que en nuestras manos está hacer de una despedida, de una ruptura, o de un duelo una oportunidad para decirle a la vida:

“Gracias, aunque no entienda ahora, sé que todo ocurre para mi bien”.

Escrito por Cindy Paola Arrieta Garrido
Psicóloga especialista en Gestión de Procesos Psicosociales, con amplia experiencia en el enfoque cognitivo-conductual, terapeuta de parejas y familias. Profile

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