Tranquilo, no hay resquemores,
sigue tu camino,
y si algún día como celestino
nos unió el destino,
hoy nos regala voluntad,
esa que en una etapa del tiempo
ni siquiera era visible,
porque los pájaros trinaban en nuestros oídos,
el silencio era el concierto más sublime,
la noche era la anfitriona del amor novato,
del beso tibio, y dormido;
Tranquilo, no hay resquemores,
y si algún día nuestras historias
se juntaron como olfato y aire,
hoy, sin escrúpulos,
se difumina el carmín, el bermellón,
y se viste mi corazón con el grisáceo color
del recuerdo de un amor que marcó hitos
en las memorias de un alma entrañable,
que se empaña con la polvareda del olvido.
Destello

El desarrollo humano depende de los maestros