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Lo que no soporta la tradición

A los nueve años vi por primera vez a mi abuela materna matando una Hicotea, no pienso decir que se me arrugó...

A los nueve años vi por primera vez a mi abuela materna matando una Hicotea, no pienso decir que se me arrugó el corazón o que no lo soporte porque sería mentir, para mi era algo normal, en mi región se consumen todo el tiempo, no era mi caso porque había crecido alejada de los pueblos en donde su consumo es más frecuente, mi interés en la conservación del medio ambiente nace en una iglesia, en donde me enseñaron que el creador universal nos había puesto a los hombres la ineludible tarea de señorear sobre todo ser vivo, nos explicaban que señorear tiene muchas connotaciones y aunque si tiene que ver con disponer y dirigir también significa que hay que cuidar la tierra que nos fue entregada por hogar, ese mensaje tan alejado de fanatismos religiosos y tan apegado a las necesidades reales de la humanidad ha sido de los que se han quedado en mi mente pese a que hace mucho tiempo no practico ninguna creencia religiosa.

Crecer bajo la dirección de una Madre con pensamiento crítico hizo que la información y la reflexión fueran indispensables para mi, empecé a valorar nuestro planeta aún más en medio de mi adolescencia, en donde empezó mi afán por obrar desde lo individual, quise ser vegana y aunque no fue una decisión permanente sí me ayudó a entender que podemos prescindir de muchas cosas que consideramos parte de nuestra vida, conocí “la revolución de la cuchara” como movimiento durante mis primeros semestres de universidad, entendí la importancia de usar productos no testeados en animales y de disminuir al nivel más bajo mi huella ecológica, trato de ser lo más realista posible, entiendo que hay cosas que nos gustan, sobre todo alimentos a los que no tenemos que renunciar por el simple hecho de cuidar la vida, porque esa es una premisa bastante discutible, amo comer camarones y es algo que ya no dejaría, pero también me he preocupado por consultar el ciclo de vida de esta especie, cuáles son los ecosistemas que afecta su recolección, porque son necesarios en el mar; todo esto para consumir de forma responsable, el consumo de crustáceos y peces hace parte de las costumbres del caribe colombiano, sobre todo en la costa norte, porque no hay nada más genial que llegar a la playa, comerse un ceviche, un buen pescado con patacones y aguapanela, entiendo, respeto y comparto el gusto por nuestra gastronomía porque forma parte del tejido social, pero me preocupa que usemos el concepto de tradición para justificarlo todo, es triste que seamos tan egoístas que no pensemos que especies en vía de extinción como la Hicotea, la iguana, el morrocoy no podrán ser conocidas por las generaciones venideras, es injusto que sólo pensemos en nuestro paso por el mundo sin tener la más mínima conciencia de que no nos pertenece. ¿Qué hace la ley en estos casos? se preguntarán.

En Colombia está prohibida la tenencia de fauna silvestre y el aprovechamiento de los recursos naturales protegidos  con fines comerciales o de consumo. (Art. 328 C.P)  pero ya sabemos lo que sucede con la ley por estas tierras, cuando es usada a favor nuestro debe ser válida y cuando va en contra de nuestros propósitos es una estupidez, semana santa también se ha convertido en la excusa perfecta para muchos que comen Hicotea  porque si consumen carne de res se quedan tiesos o algo así, un sin sentido total que aunque fuera cierto puede suplirse de otras especies.

Otro gran dolor es ver personas que teniendo formación en la materia como abogados, biólogos entre otros profesionales afines con esas áreas del conocimiento, siguen defendiendo la caza, venta y consumo de especies en vía de extinción porque es tradición; pues no señores, resulta que su forma unilateral de ver la vida no es el último sorbo del mote de queso y que la vida con la que compartimos este planeta también merece respeto, sino pueden tener respeto por los principios de la religión que tanto pregonan y por la que viajan a tocarle el vestido a los santos en los pueblos, si tampoco pueden tener respeto por la ley y mucho menos les importa la vida de otras especies, al menos respeten el derecho que tienen sus hijos y los hijos de sus hijos a no encontrar en este mundo un basurero sin todo lo bello a lo que sus ojos sí tuvieron acceso.

 

 

Escrito por Maria Del Carmen Sierra Buelvas
Estudiante de Derecho en la Corporación Universitaria del Caribe CECAR, fundadora de Cognitio, una marca creada para democratizar el conocimiento. Profile

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