Por estos días y dadas las múltiples complicaciones y agitaciones en las que se encuentra el país, sólo he podido pensar en todo aquello que está mal. A mi particularmente me gusta crear opiniones acerca de todo pero me gusta mucho más hablar cuando tengo experiencia sobre las cosas, mi mente inquieta no para hasta que lanza un juicio crítico al respecto. Hace algunos días a unos compañeros y a mi nos asignaron algunas consultas sobre migrantes venezolanos (somos estudiantes de derecho y ya nos encontramos prestando nuestro servicio en el consultorio jurídico), cuando terminé de hacer la entrevista que hace parte del protocolo sencillamente lamenté muchísimo más que cualquier otro día estar en un país en el que todo absolutamente todo parece ir de cabeza.
Después de un rato mis compañeros y yo empezamos a comentar los casos asignados y todos teníamos en común dos cosas; la primera es que todos los usuarios eran migrantes venezolanos y la segunda, es que todos tenían serios problemas de salud y habían sido atendidos porque tenían una urgencia y los centros hospitalarios estaban en la obligación, pero en cuanto se estabilizaron hasta ahí llegó la maravillosa atención que le podían brindar estos centros. Mi indignación fue total, porque en momentos así es cuando sientes que no vale la pena luchar contra un sistema que está corrompido desde la coyuntura.
Por mi mente pasaron mil cosas, sentí una impotencia terrible pero sobre todo pensaba que si para nosotros los colombianos que contamos con un acceso subsidiado en su mayoría o a un regímen en el que deben aportar al sistema de salud, se nos hace tremendamente difícil acceder a servicios incluso esenciales, que puede ser de estas personas que de acuerdo a la ley están en el país como irregulares y por tal razón no pueden acceder de manera plena a los servicios.
En Colombia hay muchísimas cosas mal, pero sin duda el problema de los migrantes es algo en lo que apenas han tomado cartas en el asunto. Soy consciente de la existencia del decreto en favor de los Migrantes venezolanos pero soy mucho más consciente de la terrible situación que viven cientos de personas en esta condición en el país.
Sólo hay que detenerse un poco y agradecer que la mayoría por no decir todos los que se detienen a leer esta página sabe que pueden enfermar y podrán asistir a un centro hospitalario, a una clínica o IPS y por lo menos tendrán acceso a lo esencial, pero ahora hagamos el ejercicio de pensar en estas personas que no tienen nada y que saben que sólo en casos extremos pueden asistir porque eso es justo lo que el sistema puede ofrecer.
En escenarios como ese pienso y pienso cuántos han tenido miedo de asistir para recibir atención, cuántos mueren luego de mandarlos a casa porque el absurdo protocolo que se ha establecido así lo indica y con todo eso sólo puedo llegar a la conclusión de que lo único que puede ofrecer este gobierno para solucionar cualquier tipo de problema no es un paño de agua tibia, porque ni a eso alcanza a llegar, sencillamente ofrecen pelusas.
Mi reflexión sobre este tema llegó incluso a cuestionar fuertemente a las personas que tienen una carga viral enorme o un poco más pequeña, de uno de esos virus rastreros, conocidos como xenofobia, y luego de enojarme porque todavía en este país, (que por cierto es lo suficientemente variado para denominarse multicultural) existen sentimientos como este, pude llegar a la siguiente pregunta: ¿Qué puedo esperar del ciudadano promedio, si ni siquiera el gobierno tiene mecanismos efectivos para brindarle información a los migrantes sobre cómo regular su situación en Colombia?.
Honestamente siento que estoy atada de manos sobre este y sobre muchos otros asuntos, pero si de algo puedo estar segura es que cada que tenga una oportunidad, daré la pelea para que una de estas personas pueda aspirar a una mejor situación dentro del país y como siempre que escribo algo de este tipo, le insistiré a cada uno de ustedes que deje de lado esas barreras y limitaciones que ponen las fronteras y que se decidan a abrazar la diferencia, abrazar a seres humanos que tienen problemas y necesidades incluso peores que las nuestras y que aunque quizás no puedan ayudarlos a regular su situación porque no saben cómo, si puedan brindarles así sea una sonrisa, que los haga sentir incluidos, aceptados, respetados y si tienen la oportunidad no se quiten la enorme bendición que es extender la mano para ayudar y recuerden, en cierta medidas todos somos peregrinos en este mundo, pero en Colombia los migrantes venezolanos tienen un peregrinaje más pesado y más difícil de sobrellevar.

Las iglesias han pagado el precio y tienen obligaciones tributarias.