Saludos amigas y amigos, un gusto volver a compartir con ustedes este espacio. En esta oportunidad quiero hablarles sobre la manipulación.
En un mundo donde la verdad ha dejado de ser considerada como certeza y las percepciones personales se han vuelto la “nueva verdad”, podemos estar seguros que se están creando y difundiendo acciones de manipulación de las cuales podemos ser víctimas.
El acto de manipular es definido por la RAE como: “Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.”
En efecto, cuando se distorsiona un hecho y se acomoda la verdad o la justicia para favorecer un argumento, una ideología o cualquier manifestación particular o grupal, estamos en presencia de un acto de manipulación.
Sin embargo, lo más llamativo es que si somos realistas vivimos en un mundo en el que todos manipulamos de alguna manera. Por ejemplo, mis hijos me manipulan, al decir que se portaron bien aunque no lo hubiesen hecho porque esperan recibir un regalo que traje a casa y que prometí recibirían los que se portaran bien. A su vez, yo los manipulo a ellos al decirle que si se portan bien los llevaré a playa aunque por unos meses no esté agendado el paseo.
En este mismo sentido, encontramos la familia como un lugar donde pueden suscitarse muchos escenarios de manipulación, pero también pueden ser espacios para ello el trabajo, reuniones sociales e Iglesia.
El gran interrogante es ¿Cómo deberíamos vivir en la realidad de una constante manipulación? Esta solución quiero plantearla desde la perspectiva cristiana, ya que de acuerdo a su fe cada persona decide su moralidad y estilo de vida. Primero, es importante reconocer la manipulación como una manifestación de un corazón caído, lleno de maldad y pecado que busca la auto complacencia. Segundo, la manipulación es una forma de mentira, así que seguro podemos concluir que es un acto pecaminoso que es desagradable delante de Dios. Tercero, necesitamos reconocer que en vez de defraudar a nuestros semejantes a través de la manipulación, podemos hablar la verdad, aunque eso pueda resultar contraproducente o tal vez nos deje mal parados. Pero es necesario, salir de esas prisiones de manipulación. Por eso necesitamos la ayuda y guía de Jesús para que a través de su gracia y su perdón podamos vencer el estilo de vida de manipulación para aprender entonces a vivir en la verdad.

La Mojana: El País de las Aguas