Saludos apreciados lectores, es motivo de alegría para mí poder volver a reencontrarnos y compartir juntos unos párrafos de reflexión y opinión. En esta oportunidad, quisiera invitarlos a un examen interno y personal para reconocer cuáles son esos distintivos que hoy podemos examinar constituyen nuestra huella, entendida esta como una marca que permite identificar nuestros rasgos propios como individuos a fin de advertir lo que nos diferencia de los demás, definiendo así quienes somos. Sumado a ello, exploraremos el término legado, en su calidad de sintetizador del impacto que han dejado nuestras huellas.
Una de las primeras cosas que hacemos a lo largo de nuestra vida es asumir el proceso de autodescubrimiento, es en esta etapa en la que todos queremos responder a las preguntas existenciales que merodean nuestra mente al alcanzar un estado de madurez: ¿Quién soy? ¿Cuál es mi propósito?, son básicamente esas inquietudes preliminares las que nos permiten empezar a construir unos fundamentos y creencias que terminarán por dar identidad y proporcionar el sentido de nuestra vida, así como las razones para vivir.
Es así como nuestra huella, emerge en nosotros cuando hemos encontrado una identidad, esto es, un conjunto de valores y principios que rigen nuestra vida, estos elementos pueden ser positivos o negativos, pero claramente nos diferencian de los demás y constituyen en nuestra vida verdaderos patrones de conducta que rigen aun la manera en la que vemos y comprendemos el mundo que nos rodea, inclusive la forma en la que tratamos y nos relacionamos con las personas que viven en él. Un ejemplo biológico de la unicidad humana lo constituyen las muy conocidas huellas dactilares de los seres humanos, las cuales al ser impresas en una superficie previa impregnación de un material colorante, nos permiten reconocer ciertos trazos en las yemas de nuestros dedos que son únicas en cada ser humano. Es decir, que no existen dos personas con la misma huella dactilar, aspecto que nos permite reconocer la singularidad humana.
Con base en lo anterior, quisiera preguntarles queridos lectores si, ¿Han logrado detectar su propia huella? Esta consulta resulta vital, porque es necesario que podamos tener un entendimiento diáfano de nuestra finitud. La muerte como fenómeno de cesación o término de la vida nos pone en perspectiva porque nos recuerda que el tiempo de dejar huella inicia y termina un día. Así que tenemos cada uno un reloj biológico que al dar la hora final permite que nuestras huellas se junten todas para producir un legado.
En efecto, el legado es ese mensaje que un individuo trasmite consciente o inconscientemente a otros sujetos ya sean; su familia, amigos, sociedad y al mundo, en el que se consideran en conjunto sus huellas y se valoran a fin de reconocer virtudes y valores que impactaron de forma positiva o negativa a las personas que compartieron su existencia con él, a fin de imitar las conductas loables y desechar las nocivas. La escritora estadounidense Nicola Yoon nos aporta sobre este tópico la siguiente frase “El legado será la prueba de la vida que viví”.
¿Cómo te gustaría ser recordado?, es una pregunta obligatoria que debemos responder, nosotros como seres humanos podemos contribuir a un mejor mundo o empeorar el que tenemos, el egoísmo que infecta el corazón humano, constantemente nos impulsa a garantizar nuestro propio bienestar y comodidad, sin importar el destino o suerte de los demás. Son ese tipo de convicciones las que soportan verbigracia la corrupción y la violencia como legados en nuestro país.
Finalmente, los sincelejanos en manera particular y los colombianos de forma general tenemos que meditar hoy, cuales son las huellas con las que hemos ido construyendo nuestra vida, advirtiendo nuestra contribución a la causa humana pero también somos llamados a tener en mente cual es el legado a nuestras familias, ciudad y país, concluyo en cita de Pat Patrick quien expresó: “En la vida, dejamos un legado a nuestros hijos, dejamos nuestras huellas donde quiera que viajemos, y dejamos nuestras huellas digitales en cada corazón que tocamos”

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