Del mismo modo cómo están los resultados de las dos encuestas que buscan medir la percepción de los colombianos con el nuevo gobierno, está dividido el país, los medios, la opinión y la percepción.
De acuerdo con la encuesta Invamer, la gestión de Petro es aprobada por el 49,7 % de la población, mientras que un 42,7 % la desaprueba. Sin olvidar que Petro ganó las elecciones de junio pasado con el 50,44 % de los votos, mientras que su rival en segunda vuelta, Rodolfo Hernández, recibió el 47,31 %. Si me guio y le creo a Invamer (al final del texto se dará cuenta el por qué mis dudas) podríamos decir que estos resultados de la encuesta no están alejados de la realidad con la que Petro asumió la presidencia.
El panorama; una división muy marcada y con una oposición minoritaria, la cual hoy, al parecer, cuenta más con el apoyo de los grandes medios, que con la gente en las calles. Medios que no tienen reparo y vergüenza a la hora de prestar sus micrófonos ni sus portadas, como tribunas libres, con el objetivo de manipular. Sabrán ellos y su ética, pero son invitados de honor Miguel Uribe, Paloma Valencia, María Fernanda Cabal y Enrique Gómez, son quienes critican todo y no proponen nada, olvidaron que han gobernado siempre y chistosamente ahora con el gobierno de Petro es que se han acordado de los pobres, de defender la “canasta familiar”, “el empleo” y “las instituciones”. Anotando, que son los mismos que defendieron a carrasquilla y su reforma tributaria.
Esta es la misma oposición, que junto a las portadas de Semana decía antes de elecciones, en palabras de Migue Uribe, que el actual mandatario: “gane o pierda, es un peligro: si gana, destruye el país y si pierde, va a seguir promoviendo el odio y la violencia desde el Congreso”; también decían: “el representa una opción peligrosa para la democracia porque nos promete que, si llega, no suelta el poder”. Petro representa una de las peores administraciones, ineficiente y corrupta. “Les miente a los colombianos, promete lo que no puede cumplir, reivindica la violencia, no reconoce las decisiones que no le convienen, pasa por encima de las instituciones, promueve las vías de hecho”, otra de sus brillantes opiniones.
Ante toda esta andanada de opiniones de esta oposición quiero irme al pasado cuando eran gobierno, compraban todo y no se llamaba mermelada, pero si “Yidis política”. A la oposición se le olvida que fue en el gobierno de Álvaro Uribe donde se modificó la constitución violando las reglas básicas del juego de la democracia y del Estado constitucional de Derecho para reelegirse en un segundo mandato. (lo que le atañen o dicen que hará Petro ellos lo hicieron). Actos cuyo trámite, como ya se sabe, estuvieron plagados de una serie de irregularidades por las que la Corte Suprema de Justicia termino condenado a los exministros Diego Palacio, Sabas Pretelt de la Vega y al exsecretario General de Presidencia, Alberto Velásquez. Estamos hablando del 2008, donde también fue condenada la excongresista Yidis Medina por votar favorablemente el proyecto reeleccionista a cambio de prebendas.
No contento con ello, esta derecha que se jacta de respetar y defender la constitución tuvo el atrevimiento de buscar una tercera reelección la cual fue frenada por el Tribunal Constitucional, con una votación de siete contra dos, cerrando así, la puerta a esa posibilidad.
Observando al otro Uribe; al joven que, con su proyección e ideas parece un viejo y como veo el país o cambia o se queda solo en la oposición porque esta ante un país que pide cambios. Los radicalismos ya no funcionan. Por andar viendo lo malo del partido de gobierno no se da cuenta de que hasta el mismo Petro ha cambiado ya no es el líder radical de hace años. Llego al poder y no se ha enfrascado en atacar al centro democrático y mucho menos a su líder. Ha buscado coaliciones, se ha sometido a las instituciones, ha abierto la puerta a todos los gremios, ha nombrado personas destacadísimas en cada cartera.
Miguel Uribe es estampa de lo que se conoce en el argot político: “delfín político”; no ha conocido la pobreza, siempre ha vivido del erario público y de su apellido. Se expresa y su voz representa todo ese espectro del centro democrático que se quedó anclado en el pasado, pero no en el pasado del expresidente Iván Duque, y si comparamos sus primeros 100 días de mandato hasta en eso le fue mal, ya que hace cuatro años tuvo una aprobación del 27 % tras los primeros 100 días de gobierno.
Mirando el espejo retrovisor, bajo el gobierno de Iván Duque, Colombia vivió una profunda transformación social que no supieron liderar y ni entender, ni él ni su gabinete ni su partido; siguen sin darse por enterados. Transformación que encabezaron en su mayoría jóvenes y jóvenes adultos que nunca compartieron la lectura del país y mucho menos las fuerzas políticas que llevaron a Duque a la presidencia. Los 4 años siguientes llego el desquite, y se instaló un nuevo gobierno; el de los nadie y las nadie de Francia Márquez y de Gustavo Petro. Es el primero netamente de centro izquierda en 200 años de vida independiente de Colombia. Y con una oposición que todo le huele y nada le gusta.
Pero como dije en un tuit estos días, con descubrir que la reconstrucción de viviendas en providencia utilizando concreto, tejas de zinc, y algo de estructura de acero tuvo un costo de 600 millones de pesos, que en la Sociedad de Activos Especiales (SAE) hay perdidos 4 mil vehículos incautados a los narcos y más de 1.500 predios y con el anuncio del ICETEX que dejará de cobrar intereses en sus créditos desde 2023. El gobierno de Petro ha mostrado más resultados que Duque en 4 años.
El Centro Nacional de Consultoría para CM&, que realizó una encuesta sobre la gestión de Petro y reveló que la imagen del líder de izquierda para el 61 % de los encuestados es positiva, mientras que para el 23 % es negativa. Ahora bien, en cuanto a la vicepresidenta Francia Márquez, el 63 p% dijo tener una imagen positiva y el 22 % negativa.
Podemos creerle a una encuesta u a otra, por ahora, como ciudadanos, tengamos paciencia y dejemos que Petro consolide su idea de gobierno; que es distinta, pero no descabellada. Mas adelante sabremos si los mismos que le eligieron se tienen que levantar agradecerle o a protestar en las calles para pedir su renuncia.

El día de mi suerte