Una de estas noches en las que no me podía quedar dormida, dejé que mi mente tuviera rienda suelta y pensé, seguí pensando e incluso sobre pensé acerca de toda la situación que rodea no sólo a Colombia sino a América Latina. Que la inflación en Argentina, que el abuso de poder por parte de la Fuerza Pública en Bolivia, que la falta de participación ciudadana en las elecciones en México, que Colombia no sale de una cuando está en otra; en fin, en ese momento todo lo que pude ver fue problemas, más problemas y una enorme frustración y preocupación cayó sobre mi.
En este preciso instante de la historia, la ciudad en la que menos alguien quisiera vivir es en Sincelejo, no sólo por la falta de oportunidades laborales, el inexistente transporte público o los miles de problemas que existen con los servicios públicos domiciliarios, sino que toca sobrevivir a la ola de homicidios que se están presentando. Es casi imposible mantenerse sereno y en paz cuando casi que literalmente puede sentirse uno viviendo en una tormenta, y no, no lo digo por el clima que últimamente está más inestable que mis sentimientos cuando entro a TikTok y primero me sale algo gracioso y luego algo súper triste, sino que realmente se siente una pesadez en el ambiente.
No sé que tan real sea la pesadez que se presenta, o si sólo la estoy percibiendo yo, pero a menudo se hace difícil convivir con tantos problemas, sin embargo, me parece increíble que una persona como yo, alguien que siempre termina agonizando en una gota de agua esté en la capacidad de encontrar paz en medio de esas múltiples tormentas.
Las noticias no son nada amables, las personas incluso las he notado últimamente como con más amargura y esto lo digo porque el sábado que tuve la oportunidad de caminar como loca nueva en el centro de Sincelejo, no encontré ni sentí la amabilidad. Quizás el tremendo sol que hacía tenía que ver, pero también siento que estamos dejándonos llevar por los afanes de la vida y no encontramos un respiro.
Me atrevo a sostener que soy demasiado consciente de la situación del país y de los demás países que nos rodean, pero, aunque la situación parezca de un gris más tirando a negro, siento que seguimos siendo afortunados o no sé, si peco con pensar de esta forma y en su lugar estar cayendo en una positividad tóxica, pero de todas formas pienso que no deberíamos estar echando leña al fuego.
Más o menos durante toda esta semana Twitter ha sido un campo minado, vas mirando una publicación sobre algo malo y te salen 20 más por cada noticia mala que se encuentra. Este es el momento en el que me gustaría que se manifestara la tranquilidad, astucia y sagacidad que caracterizó al Petro de campañas anteriores, al alcalde que tuvo que enfrentarse ante las mil y un oposiciones, pero que tuvo la entereza de sacar su plan de gobierno adelante. No en Twitter como están haciendo todos ahora, sino acá, con los nadie, con los jóvenes que pusimos la confianza en un gobierno de cambio.
Desde que inició todo esto era demasiado probable, e incluso sabido que no sería fácil gobernar. No sólo porque es el primer gobierno de tinte político un tanto diferente que gobierna por primera vez en Colombia, sino que cualquier gobierno después del desastre y despilfarro de Duque la tendría color de hormiga. Creo que muchos por no pecar al decir que la mayoría de colombianos está olvidando que recien salimos del desastroso gobierno de Duque, el cual fue peor que la pandemia. Ahora bien, para mi es excelente que hayamos dejado el Covid atrás pero para ningún gobierno la pandemia fue un juego y realmente si significó un desbarajuste bien grande.
De tanto pensar, esa noche para tranquilizarme llegué a la conclusión de que al menos ya no estamos en la Duque era, que por lo menos, ya pasamos de estar en manos de un gobernante inexperto y un gabinete que dejaba muchísimo que decir. En un país en el que hallar un poco de calma en medio de tremendos vendavales es algo icónico, creo que deberíamos valorar más esos pequeños logros que se consiguen.
Hacer la diferencia es algo tremendamente difícil, tratar de tener calma o paz en medio de la tormenta es de las cosas más difíciles, por no decir casi imposibles que me ha tocado experimentar en mi no tan larga vida, y no, no pido que vivamos en una burbuja, ajenos a la realidad que nos rodea, pero si pienso que deberíamos cada día de nuestras vidas replantearnos si la forma en la que estamos pensando contribuye a mejorar por lo menos nuestro ánimo o si atrae muchas más nubes negras.
Finalmente, siempre recuerdo una frase de Santiago Benavides en una de sus canciones, la cual dice: “Si no llenamos la tierra de la vida de Jesús, entonces la oscuridad se disfrazará de luz”. Y bueno, no necesariamente hay que ser creyente, cristiano, católico, fanático de Messi, Cristiano, Ronaldiho o lo que sea para saber o más bien para darnos cuenta que si no empezamos nosotros por traer un poquito de alegría, amor y amabilidad al mundo, nadie más lo hará y se hará imposible que en medio de las muchas tormentas que enfrentamos y las que enfrentaremos, hallemos paz.

Esquivo amor