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Paz en una zona de guerra

Hace algunos fines de semana un grupo de amigos y yo decidimos emprender lo que pensé era una corta travesía, para conocer...

Foto del avatar Escrito por Saray Tapia · 2 min read >

Hace algunos fines de semana un grupo de amigos y yo decidimos emprender lo que pensé era una corta travesía, para conocer un sitio que parece estar destinado para el turismo, aunque no es tan conocido. Para llegar a nuestro destino, debíamos pasar parte importante del municipio de Colosó y luego, desplazarnos hasta el municipio de Chalán, lugar donde se encontraba la zona que planeábamos conocer. Para quiénes nacieron en tierras sucreñas o conocen las diferentes caras que ha tenido el conflicto armado en nuestro país, es normal haber escuchado hablar de estos municipios.

La salida con mis amigos me dio la oportunidad de conocer parte del municipio de Chalán; en relación con el municipio de Colosó, ya había tenido la oportunidad de visitarlo, pero nunca antes con el tiempo necesario para apreciar sus distintos lugares. A pesar de estar en modo paseo, mi mente no paraba de pensar que visitaríamos dos de los municipios sucreños más afectados por el conflicto armado, mientras pensaba en la maravillosa cascada que nos prometieron, no podía apartar de mi mente los numerosos infortunios que tuvieron que vivir los habitantes de estos municipios como consecuencia de la guerra.

La llegada al lugar fue tranquila como estaba previsto, pudimos ver un pequeño pueblo con su gente, muchos perros acostados en mitad de la calle y personas caminando de aquí para allá como en cualquier otro domingo. Debido a esto, mi primera impresión fue la siguiente: “aquí está todo muy normal, como si no hubiese pasado nada”, pero claramente me equivoqué y de manera profunda, porque en los años que he vivido en Sincelejo, los que he pasado en Barranquilla o los momentos en los que he visitado otras ciudades, no había visto el primer cartel que invitara a olvidar el conflicto y a ser una tierra de paz.

En este momento, sé qué estarán pensando que sobre la paz hay muchísimos carteles, afiches o pasacalles en toda Colombia, pero en estos dos municipios los cárteles no se encontraban a modo de publicidad, no eran propagandas del gobierno o mensajes ciudadanos que nos invitaran a disfrutar de una comunidad sin conflicto, no. En estos dos municipios esos carteles tocan fibras, pasan la mano por las heridas y algunos podrían haberse escrito con sangre y lo que más me sorprendió los encuentras casi que en cada esquina.

Chalán y Colosó tienen una larga historia de conflicto, pero también están tratando de construir una historia de paz, de olvido de una terrible y sangrienta historia, que aunque no pueden eliminar se nota su esfuerzo por superarla. Por un momento, pensé que todo estaría bien y aunque me sorprendieron los carteles y los avisos que habían por todos lados, también me causó una profunda tristeza y conmoción ver en las paredes de sus lugares más emblemáticos la marca de la guerra y del horror porque el pasado no ha sido del todo dejado atrás y en el último paro armado fueron manchadas las paredes con las letras: AGC -Autodefensas Gaitanistas de Colombia-.

A pesar de esta terrible mancha en medio de un escenario que trata de buscar la paz, debo mencionar que el lugar fue completamente acogedor, las personas son demasiado amables y cariñosas. Más que un lugar de turismo, yo diría que es lugar para senderismo, ya que caminar más de 2 horas y media al interior de una montaña, no es para toda clase de turistas. El camino es muy difícil de andar, sobre todo si pensamos en lo dificultoso que es para los campesinos sacar sus cosechas para venderlas en el pueblo, pero llegar a las hermosas cascadas, arroyos, tinas, ver caer y correr el agua y sobre todo sentirla, hace que olvides todo lo terrible que pasó en el lugar y sólo te concentres en la maravillosa sensación de tener el agua helada, enfriando tu cuerpo.

 

 

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