Son muchas las interrogantes en temas éticos y morales que vienen a la cabeza de cualquier ciudadano colombiano que se detenga por un instante a pensar en la situación que se vive en nuestro país, situación que comenzó hace muchísimo tiempo, y que, entre tantas posibles respuestas, sólo la paz puede ser el camino correcto y sobre todo el más esperanzador. Sin embargo, esta misma situación en la que nos encontramos viviendo, deja al descubierto una sociedad dividida, irónicamente trabajando en pro de una desintegración que parece abismal, un escenario en el que, al parecer, a pesar de los constantes métodos y esfuerzos no se logra crear o encontrar una solución unificadora que nos permita construir la sociedad de paz que tanto anhelamos. Frente a esto, es pertinente que, como jóvenes, estudiantes y como ciudadanos nos tomemos un momento para reflexionar sobre la responsabilidad ética que tenemos en la superación de la violencia y de la injusticia social, y por consiguiente en la construcción de paz en Colombia.
En los últimos días la atención de los medios y por ende la de la mayoría de los ciudadanos se ha centrado en los resultados que ha brindado el informe final de la Comisión de la Verdad; a propósito de este informe final, el sacerdote y gestor de paz colombiano Francisco de Roux bien ha dicho en palabras más o palabras menos, que al aceptar responsabilidades éticas y políticas con sinceridad del corazón, se ha constatado que quienes reconocen estas responsabilidades lejos de disminuir su reputación la engrandecen y pasan de ser parte del problema a ser parte de la solución. La inequidad, el racismo, la corrupción, el patriarcado, la impunidad, el negacionismo, el narcotráfico, entre muchos otros males, son las cosas que debemos cambiar desde la responsabilidad ética para lograr una verdadera, estable y duradera construcción de paz en Colombia.
Como bien lo dijo Francisco de Roux, hay un futuro para construir en medio de las legítimas diferencias y a grandes rasgos, una de las conclusiones a las que pude llegar es que al escuchar, reconocer y empatizar con las víctimas y perdonar a los victimarios ayuda a construir esa nueva ética que necesitamos, para la que es necesaria una fuerza moral, que tenga como uno de sus propósitos la conformación de una convivencia ciudadana en la que prime sobre todo el respeto a la vida y se constituya como pilar el carácter inviolable de los derechos humanos. Hemos avanzado en este proceso, pero hace falta mucho por recorrer para convertirnos en una sociedad de paz o por lo menos en una sociedad menos amante de la guerra. Como ciudadana uno de los logros más grandes y significativos que resalto en el camino de construcción de la paz, fue tener un hospital militar con camas vacías, libre de víctimas.
Ahora bien, una de las formas de poner en práctica la responsabilidad ética en la superación de la violencia y de la injusticia social, y por consiguiente lograr esa anhelada construcción de paz en Colombia, es amando la paz y odiando profundamente a la guerra, pero sobre todo y es algo demasiado defendido por quienes se encuentran en este momento en la cumbre del proceso de paz y de la construcción de una nueva sociedad, es el hecho de conocer la verdad, y no cualquier verdad, sino aquella que se encuentra en las manos de víctimas y victimarios; conocer esa verdad sin filtros o intervenciones; otra de las formas de tener y demostrar la responsabilidad ética que como jóvenes, estudiantes pero sobre todo como ciudadanos debemos tener, es el hecho de establecer caminos de no repetición, de no volver nunca más a repetir una historia que se ha escrito con sangre y se ha tildado con balas.
Finalmente, se hace necesario reconocer que la responsabilidad ética para la superación de la violencia y de la injusticia social también se logra o se consigue cuando sabemos elegir a nuestros gobernantes, cuando con detenimiento y mucha cautela analizamos el impacto que nuestras decisiones tienen sobre la sociedad, sobre el país y sobre nosotros mismos, porque uno de los problemas más grandes que ha enfrentado la sociedad colombiana es el egoísmo y los profundos y me atrevo a decir amplios sesgos que ha tenido a la hora de tomar decisiones; esto, porque en múltiples ocasiones o más bien en casi su totalidad elegimos lo más conveniente para nosotros y nos olvidamos del impacto que esto tendrá sobre los otros y finalmente también sobre nosotros mismos, porque por más que se quiera escapar de los problemas o dificultades, todos estamos de una u otra forma interconectados y habitar en un país que sufre y enfrenta una grave crisis social implica que tarde o temprano nos veamos afectados por la catástrofe.

¿En qué horas gobernó, si se la paso escribiendo?