Hace algunas semanas traje a colación uno de los más grandes problemas que enfrenta Sincelejo desde que inició el presente año; sin embargo, sólo hasta que una de las muertes que se presentaron no fue tan ajena o lejana a mi realidad, no surgió en mí la necesidad de hablar específicamente de este tema.
A lo largo de los años, sobre todo en Colombia y en el olvidado departamento de Sucre, se hacía necesaria la existencia de medios de comunicación con libertad de prensa, medios en los que la libertad de expresión no estuviera parcializada, aporreada, sesgada o incluso censurada. Para nadie es un secreto que fueron largas las luchas que se enfrentaron en el país para que los ciudadanos pudieran obtener información real, oportuna y sobre todo libre, que les permitiera sacar sus propias conclusiones frente al panorama del país y frente a cada situación en particular.
Una de las garantías para que la libertad de expresión pueda desenvolverse como es debido, tiene que ver con los gobiernos, ya que estos deben abstenerse de imponer restricciones legales a los medios de comunicación, sin embargo, la verdadera disputa se encuentra en la responsabilidad que podrían o no tener los medios de comunicación frente a la información que brindan o la forma en la que lo hacen.
Ahora bien, respecto a lo anteriormente expuesto, y siguiendo la misma línea argumentativa que plantea la Declaración de Principios sobre la libertad de expresión, los Estados en lugar de imponer sanciones por no difundir información veraz y exacta, deberían promover la veracidad, de manera que la democracia obtenga por parte de los medios de comunicación un poco de lo que requiere, es decir, la confrontación de ideas, el dialogo y sobre todo el debate.
Todo lo anterior, no es información de relleno, es más bien una precisión o recorderi necesario para lo que viene. No me considero una persona extremista, ni siquiera conservadora porque realmente a veces prefiero ver el mundo arder. Sin embargo, “ver el mundo arder” no es una expresión o perspectiva que encaje en todas y cada una de las situaciones, sopeso que para estar en este mundo se debe ser sensato, cauto y principalmente respetuoso no sólo con las personas que conoces, sino que esta proporción debe verse incrementada con las personas con las que no tienes ninguna relación o vínculo.
Los postulados de los medios de comunicación no son únicamente verdad, precisión, independencia o responsabilidad, la ética es un componente fundamental; y lo más grave, es que al parecer los medios de comunicación tanto a nivel nacional como local la han dejado de lado. En el municipio de Sincelejo casi que a diario se reporta el homicidio de una persona, e independientemente de las razones que acarrean estas consecuencias, son personas y familias que merecen respeto, buen trato y que se proteja su dignidad.
La ética es la encargada del buen comportamiento, de los valores morales de los seres humanos, en palabras de Torres y Quishpe, la ética es una forma de expresar bondad, deber y justicia en el hombre. No soy experta en medios de comunicación ni mucho menos me considero extremadamente moralista, pero soy consciente que todo tiene un límite, que hay derechos que deben respetarse y sencillamente hay líneas imaginarias que nadie debería cruzar.
En Sincelejo ya no basta con los periódicos amarillistas que compiten por cual saca la noticia más burlesca, sino que ahora como ciudadanos tenemos que soportar la proliferación de medios de comunicación encargados de difundir por las redes sociales las barbaridades y atrocidades más grandes. Me sorprende en gran medida la acogida que dichos medios tienen, pero más perpleja me quedo cuando observo como quienes dicen ejercer el periodismo no tardan sino dos minutos en publicar noticias sin comprobar el contenido real.
Realmente hastía, llena de repulsión y tristeza que entre más sangrienta sea la noticia, entre más chisme cuente, más viral se hace. Está bien en mi opinión que unas cuantas personas que dicen ser periodistas creen este tipo de contenido, pero que sean cientos de personas las que las acojan ya es algo absurdo e irrisorio. En donde queda el sentido común, el respeto o por lo menos la decencia que se le guarda a quiénes fallecen. Muchísimas cosas quieren mantener en este municipio como costumbre, pero seguir sosteniendo este tipo de “prensa” y contribuir a su visualización me parece una de las cosas más retrogradas que los sincelejanos están haciendo.
La inseguridad no preocupa, ser cruel no importa, hacer burlas está pero demasiado bien. De verdad es difícil comprender esos comportamientos, nadie parece detenerse a pensar en las familias, hay hijos, hay sobrinos, hay hermanos y papás detrás de cada muerte. No es la peor peste la que están eliminando a balas como quieren pensar, son personas que si bien en su mayoría no tomaron buenas decisiones, eso no le quita ni le da el derecho a nadie, por más periodismo que haga o por mejor ciudadano que se crea a compartir sin ningún tipo de censura los últimos momentos de estas personas.
La ética y el periodismo no pueden estar separados, si los sincelejanos del común comparten lo primero que graban no necesariamente tienen que hacerlo los medios de comunicación o quiénes dicen hacer parte de estos para estar en el boom de la información. No es necesario que se censuren las noticias, no hace falta que dejen de informar, más bien se hace necesario que exista una forma amable, respetuosa y sensata de comunicar lo que está ocurriendo en el departamento.
Para finalizar, el mejor mensaje que puedo dejarle en general a los sincelejanos, es que el egoísmo y el individualismo no nos nuble la razón y nunca olvidemos que la vida da muchas vueltas, que el camino es largo y culebrero, que se puede informar sin censura pero con mesura.

Trayecto interminable