Quiero caminar con la brisa,
trato de asirme de su volátil mano,
pero es en vano el intento,
lleva un poco de prisa,
la señora vieja, añeja, como los siglos pasados;
Me detengo en la avenida de la distancia,
anudo los cordones de mis zapatos,
advierto con sorpresa, lo longevos que están,
los gastó con saña el tiempo,
mi calzado es un mamarracho, remedo de garabato;
Fatigada sigo avanzando,
buscando alguna samaritana penumbra,
tengo tostada la piel,
resecos los pasos cansados,
no hay asilo, ni abrigo que cubra;
Cierro los ojos marchitos
que me condenan por esperar,
pero el cuerpo me dice otra cosa,
se desgasta como el lastre, la seguridad,
sólo me queda callar y pernoctar;
Aparece el anciano, dueño de las eras,
dobla mis rodillas
con su báculo imponente,
golpea mis tensas corvas, me yergo.
¡me duele!, y me faltan tantas millas!!
Acudo a la esperanza entonces,
la contemplo bañarse entera
en el elixir de la vida plena,
me sonríe imperturbable,
saboreando la victoria, bella, segura y serena;
Me sumerjo con ella en su mar,
trasmutando mi resignación
con las ansias locas,
para poder continuar.
Destello

Edición #70 de la Revista Literaria “CRISOL”