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Un mensaje para quienes aspiran gobernar a este pueblo Sucreño.

Instituciones como la Iglesia Católico cuya naturaleza sacramental es revelar el anuncio del Evangelio a toda la comunidad de los creyentes que...

Instituciones como la Iglesia Católico cuya naturaleza sacramental es revelar el anuncio del Evangelio a toda la comunidad de los creyentes que como pueblo de Dios camina en una historia concreta y que contempla la acción salvífica de Dios realizada en el corazón de lo humano, no desconoce los momentos fundamentales donde tal historia humana debe continuar construyéndose bajo el marco renovador y exigente del bien común, como la supremacía del amor Divino materializado en el derecho y la justicia, aunque es una construcción que ha de inspirarse desde el corazón individual, reconoce que siempre es una tarea que comprende las dinámicas colectivas de la sociedad, cuestión que permite el desarrollo del bien colectivo para que se tenga el derecho de gozar de los bienes terrenales, el cual, de manera justa y equitativa  permita un dignificar la condición humana de manera integral. Es por eso, que al gestarse un ambiente proselitista que permite el proceso constructivo de lo político en cada uno de los territorios de nuestra Colombia querida, en especial de nuestro departamento de Sucre, la Iglesia como Madre y Maestra desde el testimonio de la Fe, convoca a todos a visionar con responsabilidad y esperanza, el renovado llamamiento a la transformación y la construcción de una historia venidera donde cada hombre, mujer, niño-a, anciano, cercano y lejano, pueda encontrar en la mente y el corazón de quienes aspirar a ser sus próximos dirigentes, la disposición y la capacidad del darse para dar respuestas a los sufrimientos y llevarlos hacia un camino de Libertad, Verdad, Justicia, Perdón y Progreso, ofreciéndoles la oportunidad de seguir siendo un pueblo donde se viva en el orden, la concordia y la paz.

En este contexto, hagamos referencia del evangelio de Mateo 22, 15 – 21 subrayando lo dicho por Jesús ante la pregunta de quienes con malas intensiones le exigen dar una respuesta frente a un compromiso que desde la condición de ciudadanía era y sigue siendo fundamental asumir, Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no? (Mt, 22, 17), a lo que responde: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios» (Mt, 22, 21). En nuestra religiosidad y en el pensamiento pragmático antirreligioso, se cree que la respuesta del Nazareno invita a una separación entendida entre solo velar por la autoridad y el compromiso que se tiene con Dios desentendiéndonos de la obediencia y observancia ante el poder civil como compromiso que se tiene con el que ejerce una autoridad en el orden de lo terrenal y en la construcción de lo colectivo; en Dios se esta llamado a corresponder desde un compromiso por el hacer posible la instauración de su poder “el poder del amor” el cual va encarnándose desde el compromiso que se da y que se asume como pueblo y mas en aquellos que se revisten del fuero de una autoridad terrenal otorgada por el pueblo para ser servidores que busquen edificar el orden y la justicia entre los ciudadanos.

Por ende, el poder del Amor de un Dios Salvífico Revelado y Encarnado en Jesús bajo una identidad de discípulos, no nos separa del orden de lo civil, el cual es correspondiente desde la identidad de ciudadanía, como tampoco la ciudadanía no nos separa de nuestra condición de discípulos en cuya conciencia y corazón el amor de Dios impera. Dar al Cesar lo que es del Cesar y dar a Dios lo que es de Dios, no es una contraposición de dos realidades que no puedan conjugarse, primeramente darle a Dios lo que es de Dios, es el reconocimiento de la supremacía y el fundamento de su autoridad que conlleva un darnos por completo en el y desde el Amor, como criterio dinámico del designio salvífico, y dar al Cesar lo que  es del Cesar, es corresponder al reconocimiento de la autoridad revestida que se hace responsable en el construir para su pueblo todo lo necesario para que las dinámicas de un Amor Divino que impera puedan siempre materializarse en la historia, realidad visible en el Bien Supremo que lleva y dinamiza el orden colectivo.

De aquí que la Iglesia y el Estado no se oponen, ni contradicen, la Iglesia no busca suplantar la autoridad legitima del Estado, pero si le complementan y le orienta en el orden de lo moral y lo ético para  ayudarle a construir y buscar el orden, la justicia, la concordia y la paz de todos los ciudadanos. Ya lo diría el papa Benedicto XVI, (14 de junio de 2008) la comunidad cristiana no puede y no quiere nunca suplantar las legítimas y necesarias competencias de las instituciones; más aún, las estimula y las sostiene en sus tareas, y se propone siempre colaborar con ellas para el bien de todos, comenzando por las situaciones más problemáticas y difíciles […]

Ahora bien, la Iglesia como Madre y Maestra, que anuncia proféticamente el poder del Amor de Dios que impera encarnadamente en nosotros por medio de Jesucristo, considera fundamental que para que pueda seguir dando respuestas a los sufrimientos humanos y seguirle ofreciendo al pueblo la oportunidad del seguir viviendo en el orden, la concordia y la paz, es fundamental renovar nuestra comprensión y acción de una Política en relación con el Bien Común, y en relación con la ciudadanía.

Si bien para muchos hoy la palabra “política” tiene muchos sinónimos que contradicen su sentido original, toda “política” es la ciencia y el arte de organizar bien la vida de la ciudad, o de buscar el bien común de todos sus habitantes, con el fin de alcanzar propósitos comunes como sociedad civil. En este sentido las decisiones políticas tienen un notable influjo en la vida y en el desarrollo de la comunidad lo que requiere un gran sentido de responsabilidad, por lo que la dinámica de todo orden político requiere el ejercicio de los principios fundamentales que favorezcan el bien de todos, que como bien colectivo en la instauración de un Estado de derecho protege los derechos fundamentales de todos. Pero esta dinámica requiere de un sentido de lo moral, por eso quienes tienen o son elegidos para asumir responsabilidades políticas desde la administración de lo publico, no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación, que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales. En esta perspectiva, una autoridad responsable significa también una autoridad ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio (paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad); una autoridad ejercida por personas capaces de asumir auténticamente como finalidad de su actuación el bien común y no el prestigio o el logro de ventajas personales.

Por otra parte, cabe recordar al pueblo santo de Dios, que como cristianos es necesario asumir el deber de participar en la vida pública y examinar si se ha hecho lo suficiente y convertirse a la necesidad de un compromiso social por la justicia, ningún cristiano por muy cristiano que se considere debe caminar a espaldas de los compromisos sociales de su comunidad, si lo hace entonces carece del sentido cristiano que lo llama a responder a un Amor Divino que se materializa en las realidades de sus hermanos. Es por eso que como cristianos con identidad y derecho de ciudadano, debe  ofrecerle a la política, dos servicios principales, el crítico, esto consiste en recordar constantemente a la política que el ser humano “no está limitado al solo horizonte temporal”, el cual tiene una “trascendente dignidad” que cualquier sistema político debe respetar, y que ello se le debe en cuanto ser humano antes que como ciudadano o en cuanto tal ciudadano. Y el propositivo, el cual, consiste en animar desde la fe y el testimonio de vida cristiana, nuevos horizontes de esperanza, nuevos proyectos para el futuro, a la medida de ese ser humano que habita en nuestras comunidades, colaborar con todos los hombres de buena voluntad y dar su aportación en donde se haga cualquier cosa de bueno. Ningún ciudadano debe elegir y olvidarse de que eligió, elige y se conviene en aquel que observado y analizando las dinámicas políticas recuerda y reitera su condición de persona digna que merece ser tratado y promocionado en toda su integralidad humana, asumiendo su carácter proactivo, para ayudar a construir las dinámicas que políticamente permitan el desarrollo del bien común que contribuya al orden, la concordia y la paz.

Todo lo anteriormente dicho aquí, se pone en juego nuevamente entre nosotros, y tanto como candidatos y electores pertenecientes a una ciudadanía terrenal pero también a un pueblo de Dios que hace camino de fe, corresponde renovar y fortalecer el ejercicio de la acción política, un quehacer progresivo que permita el Bien Común, dándole el lugar y el poder dinamizador al ciudadano que debe ayudar a construir junto a su dirigente responsable, su comunidad. De aquí que la comprensión y acción de una Política en relación con el Bien Común, y en relación con la ciudadanía sea el criterio fundamental que dinamice el interés de sus aspiraciones, pero también el intereses de sus electores, el cual, se ira reflejado en el progreso y desarrollo de la comunidad.

Por consiguiente, como Iglesia Católica peregrina en el departamento de Sucre y en cada municipio, considera oportuno el compromiso ciudadano que como aspirantes y electores hoy podemos hacerlo, dándole a Dios lo que es de Dios, y dándole al cesar lo que es del Cesar, por ende, que sea esta la oportunidad del compromiso publico, para que este camino que se desarrolla en los días venideros permita tener una contienda electoral marcada por la civilidad, la dignidad política y el respeto a los ciudadanos, de aquí la importancia de hacer un pacto solemne de no manchar la dignidad de lo político, y la trascendencia del poder ciudadano que nuevamente se unen para visionar los destinos de un pueblo que pueda y merezca seguir progresando junto con cada uno de sus habitantes.

También es importante tener claridad que todos los ciudadanos necesitan ver un ejemplo creíble en quienes podrían ser sus gobernantes, para que junto con sus gobernados puedan ser reconocidos y respetados. De aquí que cada uno de ustedes aspirantes, han de ser los primeros en dar testimonio que reflejen acciones de una voluntad sincera en el Servir y Trabajar por el bien común, en lugar de buscar intereses personales o partidistas que desangran la dignidad de lo político y la trascendencia de lo ciudadano.

Por ultimo comprendamos todos, que debemos apartarnos de todo aquello que empañe la trasparencia y la pureza de la democracias, por eso les invitamos a promover unas elecciones libres, justas y trasparentes. Que este sea un momento para comprometerse a desarrollar una campaña electoral, desde el debate respetosos, propositivo, ajustado a la realidad real y que le permitan al pueblo tomar la mejor decisión con sabiduría y discernimiento a través del instrumento que le da la constitución como ciudadano colombiano: el voto. Un voto que debe ser libre, justo y trasparente. Tanto como candidatos y electores, ciudadanos de este municipio rechacen cualquier acto que contradiga los valores del Evangelio y la constitución como Ley, rechacen cualquier realidad que manchen su deber y poder como ciudadano; de ustedes candidatos dependerán que en sus palabras y acciones se revele la trasparencia y la sinceridad, porque quien hace campaña electoral libre y justa con trasparencia y honestidad, gobernara con trasparencia, con justicia y en libertad, teniendo claro que su comprensión y acción Política estará siempre en relación con el Bien Común, y en relación con la ciudadanía que los a elegido para gobernar.

 

 

Escrito por Gregorio José Arévalo Pérez . Pbro.
Presbítero Diócesis de Sincelejo. Licenciado en Teología de la Universidad Santo Tomás. Bogotá. 2016 Magíster en Educación y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín (Antioquia) UNAULA. Director de la Fundación Pacem In Terris, en la búsqueda de la paz territorial. Profile

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